Archivos para 29 abril 2010

29
abr
10

Producto potencial y recesiones en México

Por Gerardo Esquivel y Williams Peralta

El nivel del producto potencial se define comúnmente como el nivel de producción en el que una economía produciría si se encontrara en una situación de “pleno empleo” o en “la tasa natural de desempleo”. En la práctica, el producto potencial usualmente se calcula utilizando un filtro estadístico y la brecha del producto u “output gap” es la desviación porcentual del producto  observado en relación a su nivel potencial.

En particular, el filtro de Hodrick y Prescott (1997) (HP, de aquí en adelante) es el que se utiliza con mayor frecuencia para obtener la tendencia de la producción en un determinado momento y, para ello, utiliza información tanto pasada como futura. Sin embargo, cuando las observaciones futuras son relativamente escasas, el filtro HP a menudo no logra medir en forma apropiada el componente cíclico de la producción. Este problema es importante en las partes finales de la muestra, lo cual suele ser el punto más relevante desde la perspectiva de la formulación de políticas, ya que éste indica el nivel de la brecha de producción actual.

En la literatura existen por lo menos dos alternativas para tratar este problema: el filtro de St. Amant y van Norden (1997) y el filtro de Christiano y Fitzgerald (2003). Estos dos métodos son mejores que el filtro HP para tratar con el “problema al final de la muestra” (véase, por ejemplo, Antón, 2010).

El Filtro de Hodrick – Prescott (HP)

Sea y el logaritmo del PIB real en cada periodo t. Entonces, el filtro HP descompone esta serie de tiempo en un componente cíclico (y*) y una tendencia. Para obtener la tendencia del filtro HP se tiene que minimizar  la función objetivo:

El parámetro λ define la suavidad de la tendencia. Es decir, mientras mayor sea el valor de λ, más suave será el componente de tendencia. Es obvio que si  λ = 0 simplemente la tendencia será igual a la serie original. Mientras que si λ tiende a infinito, la tendencia se corresponde a una línea recta. Para los datos trimestrales, el valor convencional de λ es de 1600.

El Filtro St – Amant Van Norden (SAVN)

El filtro SAVN es una extensión del filtro de HP. Este método consiste en incluir una condición adicional al problema de minimización:



El nuevo término castiga la desviación de la tendencia de crecimiento en relación con la tasa de crecimiento del producto a largo plazo en la parte final de la muestra. Hay dos nuevos parámetros en el problema de minimización: la tasa de crecimiento a largo plazo de la serie (constante determinada por el investigador) y el parámetro de sanción λss, que suaviza la tendencia en las últimas j observaciones de la muestra.

El Filtro Christiano – Fitzgerald (CF)

Christiano y Fitzgerald (2003) proponen un método basado en un filtro de bandas para la recuperación de la tendencia de las series de tiempo con una periodicidad que va de un límite inferior (pl) a uno superior (pu). Este filtro requiere una cantidad infinita de datos para derivar  una tendencia óptima. Por lo tanto, el filtro propuesto es una aproximación lineal del filtro óptimo. Para descomponer la serie original se supone que los datos son generados por una caminata aleatoria (esta aproximación es falsa en muchos casos) y la expresión a estimar es la siguiente:

Donde los coeficientes de Bt son las ponderaciones que tienen las variables en el tiempo y que son funciones de pl y de pu. Es indudable que el filtro CF también está expuesto al problema  del  “final de la muestra”, pero incluso considerando este problema se ha señalado que la estimación con el filtro CF de la brecha del producto se comporta mejor que la metodología del filtro HP (Antón, 2010; Christiano y Fitzgerald , 2003).

Resultados

Los resultados de la aplicación de las tres metodologías anteriores al caso mexicano para el período que va de 1989 a 2009 se muestran en el siguiente gráfico:

Por su parte, las correspondientes brechas de producto son las siguientes. Los tres primeros periodos sombreados corresponden a las definiciones de recesión en México identificadas en Acevedo (2009), mientras que el último periodo es una estimación propia.

Nótese que de acuerdo a estas estimaciones, la recesión en México habría terminado en el segundo semestre de 2009 y la brecha del producto se habría reducido de manera importante en los dos trimestres más recientes.

Gerardo Esquivel es Doctor en Economía por la Universidad de Harvard. Actualmente labora como profesor – investigador en El Colegio de México. Williams Peralta es Maestro en Ciencias Económicas. Actualmente estudia el Doctorado en Economía en El Colegio de México

27
abr
10

Seguro popular

Por Raymundo Campos

Hace unos días el periódico El Universal reportó que el Seguro Popular (SP) era un derroche sin resultados. Al leer las notas uno creería que en verdad el Seguro Popular es un programa que debe ser eliminado por tan mala administración y tan malos resultados. El Seguro Popular es un programa social con cobertura de salud para las personas que no están cubiertas por las instituciones de salud en el país (i.e. sector informal).

Desde que regresé a México en Junio de 2009, he tratado de acostumbrarme al tono de los medios y su forma de dar noticias. A veces me cuesta mucho trabajo. Los diarios internacionales, llámese New York Times, Wall Street Journal, San Francisco Chronicle, El País,  siempre tienen alguna nota positiva, o simplemente una nota irrelevante en términos políticos pero interesante para la vida. Recuerdo una nota de una ex estudiante, Kim Mai Cutler, en la primera plana del WSJ. Ella narraba cómo un nuevo tango estaba surgiendo en Berkeley, CA. Irrelevante en términos políticos, pero muy interesante. Extraño esas notas. Además de este punto, generalmente las notas de esos periódicos son muy objetivas, a diferencia del caso mexicano.

Todo esto se deriva después de leer la nota de El Universal sobre el Seguro Popular. Si bien el SP no es una panacea para resolver los problemas de salud en México, el SP sí representa un avance en cobertura de salud. Las investigaciones recientes sobre el impacto del Seguro Popular son muy claras. Por ejemplo, si bien en alguna de las notas periodísticas se mencionaba que la cobertura de enfermedades es limitada, no se mencionó que la cobertura es del 95%, casi completa. Rodrigo Barros encuentra que si bien la cobertura del SP no mejoró la salud de la población beneficiaria, sí redujo el gasto catastrófico de la población. En teoría, ese resultado era el que debíamos de esperar. Antes, las familias tenían que realizar gastos de bolsillo y atenderse, lo cual aumentaba su probabilidad de caer en pobreza. Ahora con el SP, se atienden pero no realizan gastos de bolsillo o bien son disminuidos considerablemente.

De hecho, Gary King, profesor de Harvard University, fue el encargado de evaluar al Seguro Popular. Las notas periodísticas de esa universidad definitivamente son muy diferentes a las publicadas en México. Los resultados de la investigación del Prof. King revelan que el gasto catastrófico se redujo en 23%, y no hubo efectos en la salud de los beneficiarios. Estos resultados son similares a los encontrados por Rodrigo Barros. Más aún, la investigación de Hernández-Torres et al (2008) para los estados de Colima y Campeche demuestra que el Seguro Popular reduce el gasto catastrófico en 8%. El Universal cita la evaluación del Instituto Nacional de Salud Pública mencionando que “en 2007 una evaluación del Instituto Nacional de Salud Pública reveló que el Seguro Popular no cumplía con el objetivo de evitar que los asegurados realizaran ‘gastos de bolsillo’”, pero nada más alejado de la realidad. En la evaluación del INSP se menciona que: “El resultado más notable de esta evaluación es que el objetivo fundamental de la reforma –proteger a los hogares mexicanos que incurren en gastos de bolsillo que les generan gastos catastróficos y empobrecedores– parece estarse cumpliendo… Los resultados tanto del estudio controlado como del estudio observacional indican que el SP está teniendo un efecto protector contra los gastos catastróficos de las familias afiliadas (página 17).”

Para finalizar, si bien el SP no fue creado para solucionar todos los problemas de salud de México, creo que al menos debemos sentirnos contentos que se haya hecho algo en la dirección correcta. Claro que nos falta camino por recorrer, pero eso es muy diferente a que el Seguro Popular es un derroche sin resultados.

Raymundo Campos Vázquez es Doctor en Economía por la Universidad de California – Berkeley, actualmente labora como profesor – investigador en El Colegio de México.

26
abr
10

Seminario: Paradigmas financieros, crisis y regulación

Alain Ize, consultor senior del Banco Mundial, actualmente profesor visitante en el CEE, y uno de nuestros escritores invitados en La Puerta del CEE, presentará el seminario Paradigmas financieros, crisis y regulación muy en línea con su reciente post.

22
abr
10

¿Estrategia o restricción?

Por Irvin Rojas

La semana pasada, Ben Bernanke, Presidente de la Reserva Federal estadounidense, declaró que era necesario que La Casa Blanca diseñara pronto un plan creíble orientado a reducir el déficit público (que se disparó a raíz del estimulo impulsado por Barack Obama para contrarrestar los efectos de la crisis). “Although sizable deficits are unavoidable in the near term, maintaining the confidence of the public and financial markets requires that policy makers move decisively to set the federal budget on a trajectory toward sustainable fiscal balance”, dijo ante el Congreso.

En cambio, algunas autoridades económicas de México han expresado su confianza en la solidez de las finanzas públicas y se complacen de la forma en que se manejó la crisis financiera en dicha materia. Por ejemplo, hace algunas semanas Alejandro Werner declaró a Business Week que la solidez de las finanzas públicas mexicanas protegería al país de la creciente preocupación de los inversionistas por que los países puedan servir sus obligaciones. En un contexto de laxitud fiscal, “looking at what’s going on in Europe today, it looks like a good move”, dijo el Subsecretario de Hacienda.

Además, sé que los altos mandos del Banco de México se encuentran tranquilos con los indicadores del déficit público, pues consideran que a diferencia de muchos otros países que implementaron una política fiscal contra cíclica para aminorar los efectos de la crisis, el que México no incurriera en déficits de magnitudes similares asegura que éste se mantenga en una trayectoria sustentable, tal como lo dejó ver Manuel Ramos Francia, en un seminario presentado ante alumnos de El Colegio de México.

Cabe recordar que a finales de 2009, Standar & Poors bajó el rating crediticio de México a “stable”, sólo una categoría por encima del “junk”, aún cuando el déficit presupuestal del país no es siquiera comparable con el de los países con los mayores programas anti crisis. De acuerdo a estimaciones de Jonathan Heath, Economista en Jefe para América Latina de HSBC,  los Estados Unidos habrán acumulado en 2009 un déficit del 15% del PIB, Gran Bretaña de más de 13%, Rusia de 8.4% (superávit 2008 de 8.4%) y Arabia Saudita de 2.5% (superávit 2008 de 32%). México, en cambio, tendría un déficit de 2.3% (superávit 2008 de 0.1%), lejos también del déficit de 13% o más que enfrenta Grecia y que sin embargo goza de una calificación crediticia similar (pueden ver un interesante reportaje sobre la crisis de la deuda soberana griega en The Economist).

Al parecer, el optimismo mostrado por las autoridades mexicanas no está bien sustentado si pensamos que las decisiones fiscales que llevaron a contracción del gasto y aumentos en los impuestos para 2010 se basaron más en las restricciones intertemporales que enfrenta el gobierno mexicano en materia de déficit público, además del temor por la pérdida de la categoría crediticia. Es decir, quizás el gobierno mexicano no podía hacer otra cosa, aún cuando los funcionarios hoy expresen que fue una decisión muy bien pensada.

En particular, pienso que hay dos aspectos de las finanzas públicas que explican más las decisiones del gobierno mexicano en cuanto a política fiscal y que ponen de manifiesto las restricciones tan fuertes bajos las que opera. Me refiero a los temas de la baja recaudación y la caída en la producción petrolera.

El primero de ellos es un problema de décadas en nuestro país. La recaudación tanto del IVA como del ISR es de las más bajas de los países de la OCDE. México recauda 4.2% del PIB en IVA y 5.2% del PIB en ISR, cuando Dinamarca recauda 29.5%, para una recaudación total cercana al 17% en 2007, según “Revenue Statistics 1965-2008”, de la OCDE. Más aún, el gasto en nómina y los puestos de mando medio se han incrementado notablemente en los últimos años. En total, el gasto gubernamental se ha duplicado en los últimos nueve años. La baja recaudación se puede convertir en un problema aun más grave en el mediano plazo si consideramos el otro aspecto en el que las finanzas públicas se muestran nada sanas, que es la caída en los ingresos petroleros.

Fuente: Revenue Statistics 1965 - 2008

Durante muchos años, Pemex explotó el yacimiento de Cantarell con relativamente poca inversión. Además, los altos precios registrados entre 2006 y 2008 generaron grandes excedentes que fueron empleados para pagar parte de la deuda extranjera y para crear un fondo de estabilización, aunque en mayor parte, fueron a dar a las arcas de los estados y municipios para proyectos “sin sentido económico”, de acuerdo a Luis Rubio, del Centro de Investigación para el Desarrollo.   La caída de los precios internacionales del crudo y el decaimiento de la producción en dicho yacimiento ponen a las finanzas públicas en serios aprietos. Cerca de la mitad de los ingresos tributarios del país provienen de impuestos y aprovechamientos cobrados a Pemex. Mientras los precios y la producción estuvieron altos, esto no representaba mucho problema. Sin embargo, la producción hoy se encuentra en 30% de los niveles observados en 2004 y los precios lejos de los más de 120 dólares por barril de 2007 y 2008.

Fuente: The Economist

Estos dos aspectos ponen de relieve el problema grave de las finanzas públicas mexicanas, que exigen reformas profundas en la materia. Una reforma fiscal que incremente sustancialmente la recaudación y disminuya la dependencia de los ingresos petroleros ha sido emplazada por muchos años, generándose en su lugar un sin número de misceláneas fiscales que no han ayudado mucho. Por otro lado, la reforma petrolera de 2008 no ataca el principal problema, no deja mucho margen para incrementar la inversión requerida para aumentar la producción y las reservas (que al ritmo actual son suficientes para 9 ó 10 años).

Entonces, parece que lo que las autoridades económicas mexicanas presumen como una estrategia correcta, refleja más que nada las grandes restricciones fiscales bajo las que opera, y el reconocimiento de que las finanzas públicas enfrentan serios problemas en el mediano y largo plazo.

Irvin Rojas Valdés es Licenciado en Economía Agrícola por la Universidad Autónoma Chapingo. Actualmente estudia la Maestría en Economía en El Colegio de México.

21
abr
10

La economía y el fútbol

Por José María Contreras

A propósito de la próxima realización de la Copa Mundial de Fútbol en Sudáfrica, a muchos aficionados mexicanos que compartimos nuestra afición tanto por este deporte como por la economía, nos inquieta dos cosas: en primer lugar, los costos y beneficios económicos involucrados en este evento y, en segundo lugar, cuáles son las posibilidades reales del equipo mexicano de ganar esta competición. En ambos casos, la economía y los economistas pueden ofrecer algunas respuestas.

Respecto al primer punto no hay duda que la Copa del Mundo es un verdadero negocio. La empresa de consultoría e investigación De la Riva Group estima que la Copa Mundial de Fútbol de Sudáfrica en conjunto con todos los equipos afiliados a la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA) representan unos 500,000 millones de dólares. Sin embargo, la mayor parte de los economistas se muestran escépticos respecto a que la realización de un evento deportivo como la Copa del Mundo sea una buena idea, ya que los enormes costos que implica su organización (por ceremonias de inauguración y clausura, construcción de estadios, obras de infraestructura, transporte y comunicaciones y otros) parecen superar por mucho sus potenciales beneficios económicos (creación de empleos, entradas de divisas por turismo, etc.), y en muchas ocasiones el país (y/o las ciudades sedes) de este evento terminan con elevadas deudas, que al final deben pagar los ciudadanos. Sólo para dar una idea de los elevados costos que implica un evento deportivo: se estima que la ceremonia de apertura de las Olimpiadas de Beijing en 2008 costaron más de 100 millones de dólares, mientras que al menos 100 millones de chinos viven con menos de 1 dólar al día, de acuerdo a “El efecto olímpico en el comercio” de Rose y Spiegel (2010).

Por otra parte también está el argumento de que muchos de esos gastos representan una desviación de fondos para dicho acontecimiento, en detrimento de proyectos sociales, como escuelas y hospitales, que serían más beneficiosos para un país como Sudáfrica, es decir, el costo de oportunidad de realizar la Copa del Mundo es extremadamente elevado. Finalmente, se argumenta que muchos de los beneficios son capturados por empresas privadas patrocinadoras y por las grandes cadenas de televisión. En definitiva, los economistas son partidarios de que antes de emprender una tarea gigantesca como organizar una Copa del Mundo (o unos Juegos Olímpicos) deben considerarse con mucha calma y detenimiento sus costos y beneficios.

Pero, a pesar de lo anterior, muchos países están más que dispuestos a organizar este tipo de eventos: “El deseo de acoger una Copa Mundial o unos Juegos Olímpicos es insaciable” dice Jeremy Clift (en “Gol a favor o en contra”), Director de la Revista Finanzas y Desarrollo, una publicación trimestral del FMI, que dedica su más reciente número al análisis de la relación entre economía y deporte. En el caso de Sudáfrica parece que la importancia simbólica de ser el país anfitrión va más allá del orgullo de ser los primeros en organizar una Copa del Mundo de Fútbol en el continente africano, sino que está estrechamente ligado a la reconstrucción de su economía, la reducción de las antiguas divisiones sociales y raciales, y la creación de una nueva identidad nacional.

Fuente: Portada del número de marzo de la revista Finanzas y Desarrollo, del FMI

Algunos economistas han tratado de medir el impacto de acontecimientos deportivos como las Olimpiadas o las Copas del Mundo sobre el comercio, a través de cuidadosos estudios econométricos usando los denominados modelos de gravedad, y han encontrado, sorpresivamente, que sí tienen un impacto positivo, considerable y permanente sobre los flujos comerciales según The Olympic Effect”, de Rose y Spiegel (2009). Los autores rgumentan que esto parece estar relacionado con el hecho de que los países anfitriones tienden a liberalizar su comercio a partir de dicho acontecimiento deportivo, es decir, dichos eventos aparentemente inducen la liberalización gracias a las actividades o a la creación de infraestructura que traen asociada (recuérdese que México organizó la Copa del Mundo en 1986, que coincide con el inicio del proceso de apertura comercial del país y su incorporación al GATT (OMC)). Con base en lo anterior, piensan que la realización de la Copa del Mundo por parte de Sudáfrica constituye una declaración patente de que ese país se está transformando en un miembro responsable de la comunidad internacional y está enviando una señal, a sus ciudadanos y al resto del mundo, de que desea liberalizar su comercio exterior.

Respecto al segundo punto, casi siempre que como aficionados especulamos acerca de las posibilidades de que México sea campeón del mundo, arribamos a la conclusión de que existen muy pocas, y lo más que deseamos es que México haga un buen papel, que supere al de la pasada Copa del Mundo realizada en Alemania. En dicha competición, el equipo mexicano realizó una de sus mejores actuaciones, pero al final quedó la sensación de que el equipo falló en la hora decisiva: “jugamos como nunca y perdimos como siempre”. Actualmente la selección mexicana ha incluido a varios futbolistas que tienen experiencia en ligas extranjeras, especialmente la europea, y la dirige un técnico de amplia experiencia nacional e internacional, que le imprimió carácter y sentido táctico al equipo, pero aún con todo, la pregunta sigue siendo la misma: ¿Seremos capaces ésta vez de ganar la Copa del Mundo?

Parece que la respuesta a esta pregunta tiene muy poco que ver con nuestros deseos y sí mucho con las estadísticas y ¡la economía! Recientemente se publicó el libro Soccernomics (2009), escrito por los ingleses Simon Kuper, columnista del diario londinense Financial Times, y Stephan Szymanski, economista de la City University de Londres especializado en deportes, donde los autores se plantean usar las herramientas de la economía, en particular la econometría, para entender mejor el fútbol (una reseña del libro se encuentra en la revista Finanzas y Desarrollo antes citada y es realizada por Heiko Hesse, economista del FMI y exjugador profesional de fútbol del Borussia Dortmund, de la liga alemana). Kuper y Szymanski metieron cientos de datos en una computadora y corrieron modelos de regresión y encontraron que tres variables: la población, el PIB per cápita y la experiencia futbolística de un país, son los principales factores que explican el éxito de un equipo en la primera ronda de la Copa del Mundo. Sin embargo, estos tres factores sólo explican el 25 % de la variación en las diferencias de goles, y el restante 75% son elementos fortuitos o aleatorios.

Con base en sus resultados, diseñaron una lista con los países de mayor potencial futbolístico. México quedó en el lugar 78º entre 188 naciones (¡nada que ver con los rankings que hace la FIFA!), porque, según los autores, falla en dos de las tres categorías. Tiene población suficiente como para convertirse en una fuerza dominante en el futbol (como Turquía y Japón), pero el tamaño de su economía aún es relativamente bajo y tiene una escasa experiencia futbolística internacional. Para medir esto último, los autores tomaron los partidos oficiales jugados por todas las selecciones nacionales entre 1980 y 2001 y encontraron que en ese periodo, el Tri jugó 278 partidos; en cambio, Alemania, Inglaterra y Brasil, jugaron más de 750 partidos cada uno. Tampoco ayuda a México ser miembro de una confederación regional tan insular como la Concacaf que, históricamente, ha tenido poco contacto con el resto del mundo futbolístico. En entrevista reciente realizada por la revista Expansión, “Matemáticas para ganar el mundial”, Kuper, dice que: “a México le falta experiencia, enfrentarse más a menudo con los mejores equipos del planeta. La selección mexicana sólo ve el mejor futbol en las Copas del Mundo, cuando quizás ya es un poco tarde, porque hay que rendir inmediatamente”. Así que si tomamos en cuenta los resultados de este estudio, desafortunadamente no debemos ser demasiado optimistas acerca de las verdaderas posibilidades de ganar la Copa del Mundo en Sudáfrica.

Uno de los muchos asuntos que Kuper y Szymanski abordan en su libro es el dinero que despilfarran los clubes cuando compran jugadores: creen que las directivas y los entrenadores se enamoran perdidamente de futbolistas sobrevalorados que juegan bien dos partidos o que súbitamente aparecen en las portadas de los diarios, y su recomendación, que casi podría ampliarse a cualquier gerente a cargo de un grupo de empleados, es que la inclusión de un futbolista en un equipo debe evaluarse por toda su carrera (no por su desempeño de los últimos meses), debe tomarse en cuenta a jugadores que estén atravesando o hayan atravesado una mala racha pero que tengan cualidades técnicas y poner el foco en veinteañeros, que son los que ofrecen mejor rendimiento.

Javier Aguirre, técnico de la selección nacional, en declaraciones hechas en Madrid en febrero de este año confesó que ha leído el libro Soccernomics. Quizá le haya hecho caso a esta recomendación y ello explica la aparentemente sorpresiva decisión de incluir a jugadores como el Conejo Pérez, el Bofo Bautista, el Venado Medina, y otros que no habían sido tradicionalmente considerados en los llamados a la selección, y a los jovencitos Chicharito Hernández y Jonathan Dos Santos, que atraviesan un buen momento y prometen buenos rendimientos. Si El Vasco le atina, en una de esas nos convertimos en ¡campeones del mundo!, incluso contra la opinión de los economistas.

José María Contreras Castillo es candidato a Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Autónoma de Barcelona, actualmente labora como profesor – investigador en la Universidad Autónoma Chapingo.

21
abr
10

Seminario Prior-free Mechanism Design

El Centro de Estudios Económicos del Colegio de México, El Cimat y la Escuela de Economía de la Universidad de Guanajuato nos invitan al seminario Prior-free Mechanism Design:


El programa y otros datos del evento pueden consultarse en su página web

14
abr
10

frases que (me) ayudan a pensar

Por Isidro Soloaga

Primera frase

Rates of growth or real per-capita income are…diverse, even over sustained periods…[Indian] incomes will double every 50 years; Korean every 10… I do not see how one can look at figures like these without seeing them as representing possibilities. Is there some accion a government of [India] could take that would lead the [Indian] economy to grow like Indonesia´s..? If so, what exactly?… The consecuences for human welfare involved in questions like these are simply staggering: Once one starts to think about them, it is hard to think about anything else.

Esta cita es de Robert Lucas Jr, expresada en su Marshal Lectures en la Universidad de Cambridge en 1985. Increíble que India, con su rápído crecimiento de los últimos años,  ahora quizás no sería un buen candidato para las comparaciones que realizara Lucas en 1985. Cambiemos entonces “India” en el párrafo anterior por “México”. Shocking, ¿no? Realmente, ¿puede uno pensar en algo más luego de ver los desempeños tan distintos de estas economías (Korea vs. México)?

Segunda frase

Versión a) Una sociedad debería ser juzgada por cómo trata a sus habitantes que peor están.

Versión b) Al elegir, hay que elegir una política económica que maximice la “utilidad” del grupo de la sociedad al que peor le va.

Estas dos frases a) y b), elaboradas con base a los desarrollos de John Rawls sobre teorías de justicia, contextualizan a la primera (la que puede resumirse en: hay que ver cómo hicieron ciertos países para duplicar el PIB per capita en diez años, y ver qué les pasa  a los que vienen rezagados), al hacernos pensar para qué/quiénes queremos el crecimiento y por dónde empezar cuando tenemos un peso ($) “sobrante”.

Tercera frase

El desarrollo es la expansión de las libertades efectivas de las personas de las cuales éstas pueden elegir.

Esta frase, basada en las ideas de Amartya Sen nos ayuda a leer la segunda frase e identificar un criterio para saber a quiénes es que “les va peor” en la sociedad… y nos aleja un poco (bastante) del objetivo de duplicar el PIB per capita en 10 años. El foco está en ampliar las libertades efectivas de las personas, libertades de las cuales éstas puedan elegir. Seguramente duplicar el PIB per capita ayuda… pero no es todo y mal haríamos en concentrarnos solamente en ese objetivo.

 Los invito a reflexionar sobre estos tres enfoques distintos/complementarios desde los cuales uno puede, tanto pensar la política económica para el crecimiento económico, como la economía política necesaria para que nuestra sociedad esté, de verdad, mejor.

Isidro Soloaga es Doctor en Economía por la Universidad de Maryland. Actualmente labora como profesor – investigador en El Colegio de México.

13
abr
10

Metas de inflación y política monetaria: México en el nuevo entorno internacional

Como parte del curso de Dinero y Finanzas, este jueves contaremos con la presencia de Manuel Ramos Francia, Director General de Investigación Económica del Banco de México. La sesión es abierta.

Actualización: el seminario que presentaría el Dr. Manuel Ramos Francia ha sido pospuesto por causas de fuerza mayor. Se anunciará pronto la nueva fecha.

09
abr
10

Costs and qualty of health care

Por Edwin van Gameren

Health, health care, and reforms in the health care sector are hot issues. In the USA, President Obama has declared a health insurance reform to be a major goal. An increasingly large fraction of the US population does not have health insurance while the costs of health care increase. Also in Mexico progress towards universal health insurance coverage is being made with the introduction of Seguro Popular. Obviously, financial resources are lower than in the USA. Right before moving to Mexico I experienced a large health insurance reorganization in the Netherlands. Also many other countries enact bigger or smaller reforms aimed at providing better health care services at affordable costs. An interesting question is, if there is a relation between costs and quality of health care. I will use the OECD Health Data 2009 to say something about that relation.

I start with a look at the costs. Figure 1 shows the expenditures on health care in 2007 as a percentage of the GDP in 30 OECD-countries. On the lower end we find Turkey, Mexico, Korea, and Poland, with health expenditures around 6% of GDP, while the USA is an outlier with its 16% of GDP spent on health care. The (unweighted) average is 8.9%. Note that a rich and advanced country like Finland spends only 8.2% of its GDP on health care. Also the UK with its 8.4% has a relatively cheap health sector: in many aspects the economy of the UK reflects the USA, but the expenditures on health are completely different. Figure 2 shows the increase in the costs in the last 50 years in the USA: in 1960 only 5.2% of the GDP was spent on health, similar to the level that Mexico observes nowadays. Since then, the costs in the USA increased a lot. Also in the UK and the Netherlands expenditure growth is observed, but at a much slower pace in the USA. Note that GDP itself has grown a lot during this period, but that health expenditures grew faster. For Mexico the times series is much shorter and growth is not very pronounced.

Figure 1 Total expenditure on health, % gross domestic product, 2007 (Note: Japan, Luxembourg, Portugal: 2006; Turkey: 2005)

Figure 2 Total expenditure on health, % gross domestic product, 1960-2007

The organization of the health care sector is probably a relevant factor in the level and the growth of the health expenditures. An indicator for organizational differences is the share of total health expenditure drawn from public and private sources. (Public expenditure on health care: State, regional and local government bodies and social security schemes; publicly financed investment in health facilities plus capital transfers to the private sector for hospital construction and equipment. Private expenditure on health care: Out-of-pocket payments, both over-the-counter and cost-sharing, private insurance programs, charities and occupational health care).

The two extremes from figure 1 come together in figure 3: the public share is smallest in the USA and Mexico; both report just over 45%. Most OECD-countries have a much higher public expenditure share, the average is 70%. On the high end we find the Nordic countries (which are typically known for the role assigned to the state), but also the UK and Japan, with public expenditures of over 80% of total health expenditures. The remainder, private expenditures, can be divided in out-of-pocket payments, that is, costs that patients pay directly to care providers, and costs covered by private insurance bodies. The latter are particularly high in the USA (42%) and in the Netherlands. In the USA, health insurance for working-age people is (still) dominated by private insurance companies with relatively little government regulation. In the Netherlands a similar (but more regulated) market used to be relevant for people who earned more than a threshold salary, while for below-threshold earners the government facilitated the insurance. Now the insurance system has been reorganized and everyone is obliged to obtain at least a (legally imposed) basic insurance with a private insurance company: the division in public and private expenditures has become quite arbitrary. Notice that the out-of-pocket payments in the Netherlands are extremely low and amount no more than 5.5% of total health expenditures: almost everything is covered by the publicly imposed basic insurance or through supplementary insurance, with very low co-payments and deductibles. In Mexico on the other hand, more than 50% of health care expenditures are out-of-pocket, insurance coverage is limited. Within the OECD we see huge differences in the out-of-pocket payments. Rather rich countries like Korea and Switzerland are second to Mexico with more than 30% of out-of-pocket payments while equally rich countries like USA and UK are below average with about 12%.

Figure 3 Public expenditure, Out-of-pocket payments, Other private expenditure, as % of total expenditure on health, 2007 (Note: Japan, Luxembourg, Portugal: 2006; Turkey: 2005; Netherlands: 2002; Greece: no info on OOP; Belgium: NA)

Do the reported differences in total, public, and private expenditures imply something about the quality of the health care that is delivered? Of course, quality is not an easily defined concept. I will look at the ultimate health outcome: the mortality rate; in particular I report the life expectancy at birth (figure 4) and the number of deaths among children under one year of age per 1000 live births (figure 5). Life expectancy in Mexico is at the low end (75.0 years), while with a similar expenditure level Turkey does worse (73.5), the Czech Republic does better (77.0) and Korea performs much better (79.4). In fact, Koreans have a longer expected life than people in the USA (78.1) where expenditure is much higher. The OECD-average is 79.1 years, while the maximum is achieved in Japan (82.6 years) despite a relatively low share of GDP spent on health (8.1%). Health expenditure does not seem to have a straightforward relation with life expectancy. Similarly, levels of public expenditure or out-of-pocket payments do not explain a lot. For example, the rather high out-of-pocket payments in Switzerland go together with a long expected life of 81.9 years. With regard to infant mortality, Turkey and Mexico are outliers (20 and 15 deaths per thousand), but next comes the USA (6.7) despite a very high expenditure level. Korea and the Czech Republic report 4.1 and 3.1, respectively, with low health expenditures, while similar rates are found in Switzerland (3.9) and Finland (2.7) with much higher expenditures.

Figure 5 Infant mortality, Deaths of children under one year of age per 1 000 live births, 2007 (Note: Canada, France, Korea, USA: 2006)

Simple calculations of the correlations give the expected signs –expenditure (weakly) correlates positively with life expectancy and negatively with child mortality. The closer look at the available information, above, suggests that there is much more going on between health expenditures and health outcomes. The same holds for the source of the money: public expenditure correlates positively, out-of-pocket payment correlates negatively with life expectancy, but the presented data suggest that there are other relevant factors that determine the relation between expenditures and health care quality. Organizational details including incentives for governments, care providers, users of care, and vested interests of the various players (who might be unwilling to give up their positions), historically grown expectations and traditions including lifestyle and environmental circumstances: all of it together determines the way in which expenditures affect health outcomes.

Edwin van Gameren es Doctor en Economía por la Vrije Universiteit Amsterdam (Holanda). Actualmente labora como profesor – investigador en El Colegio de México.

07
abr
10

Visitando los básicos: congestión de película

Por Andrés Hincapié

Hace pocos días asistí a uno de los cines del DF a ver la película “Alice in Wonderland” (muy buena por cierto). En el tortuoso proceso que representa entrar a la sala, dado que uno no asiste al VIP y dado el alto precio relativo a otros países que se paga en México, vinieron a mi mente algunas cuestiones acerca de la (escasa) diferenciación de precios en las salas de cine del país así como del sistema de ventas, un tema que charlamos varios compañeros del CEE hace poco.

Dejando de lado la diferenciación hecha por horas (antes de cierta hora se cobra menos) y la reducción de precios en algún día entre semana, que pienso están más encaminadas a aumentar la demanda en dichos horarios y días más que a diferenciar a los consumidores, se comentó lo siguiente.

En el campo operacional, yo argumentaba que las entradas al cine deberían venderse con número de silla, de manera que las filas para entrar a las salas y las competencias por un buen puesto fuesen cosas del pasado, al menos luego de comprado el boleto, y así perder menos tiempo en dichas filas. Otro de los presentes en la charla propuso la diferenciación de precios; propuesta, a mi gusto, interesante. Para ésta existen al menos dos posibles vías no excluyentes (realmente ambas intentan distinguir entre tipos de consumidores) asumiendo que las empresas implicadas en el negocio tienen cierto poder de mercado. Una sería la diferenciación en el tiempo. Es decir, hay consumidores para los cuales asistir al estreno, o a las primeras funciones, representa un beneficio mayor que asistir en días posteriores cuando ya todo el mundo ha visto la película y por lo tanto están dispuestos a pagar un precio más alto. Hasta donde conozco, esta práctica no es común en México. Un gráfico sencillo donde se observa esta diferenciación es el siguiente:

Fuente: Microeconomía. Pindyck y Rubinfield (2005)

En el gráfico, los consumidores se distinguen entre aquellos que no están dispuestos a esperar y que pagan entonces un precio más alto (P1) y aquellos que están dispuestos a esperar y pagar un precio más bajo (P2) en un momento posterior (recordando la condición estándar en presencia de poder de mercado : Ingreso marginal = Costo marginal).

La otra forma de diferenciación, quizá más novedosa que el caso previo, es la diferenciación por ubicación en la sala (el gráfico sería similar al presentado para la diferenciación en tiempo). Es decir, que se cobrara en las salas de cine tal y como se cobra en los teatros, dependiendo de la zona en la que uno quiera ubicarse, o ¿quién considera que ver una película en las primeras tres filas es igual a verla en las filas del centro? ¿O a las orillas? De esta forma los consumidores que estén dispuestos a pagar un poco más por observar la película en un buen sitio comprarían los boletos de los “buenos lugares”, mientras el resto pagaría menos por verla en los “malos lugares”.

La propuesta de la diferenciación por ubicación es interesante y podría incluso representar un aumento en el beneficio social (dado que la valoración que los consumidores hacen por zonas correspondería más con los precios). Sin embargo, esta propuesta se enfrenta al menos a los siguientes problemas:

  • Costos de monitoreo en salas no llenas. En salas no llenas un consumidor tiene incentivos a comprar un boleto de una zona mala y cambiarse a una mejor zona dado que la sala no se llena; esto haría necesario un monitoreo de la sala o un sistema que impidiera este comportamiento, lo cual no parece muy sencillo. Nótese que el problema es inexistente en salas llenas pues los mismos consumidores harían el monitoreo: nadie estaría dispuesto a que otro le quitara su silla numerada. Este problema en salas no llenas representaría una disminución en los beneficios de la empresa.
  • ¿Precios flexibles? Como solución al problema anterior la empresa podría establecer precios flexibles dependiendo del pronóstico de asistencia a la sala. Sin embargo, no es claro que este sistema pudiese funcionar dado que los consumidores enfrentarían un sistema opaco de precios que podría desincentivar su demanda y por su parte la empresa tendría que hacer estudios de demanda.
  • Costos de cambio de tecnología. Realmente no creo que este sea un costo muy representativo dada la magnitud de las empresas que operan el negocio.

Aun con estos problemas la propuesta sigue siendo interesante aunque no es clara la forma de llevarla a la práctica. Empezar con la venta de boletos con silla numerada sería un buen inicio.

Andrés Hincapié es Ingeniero Industrial por la Universidad Tecnológica de Pereira (Colombia) y es estudiante de la Maestría en Economía del CEE.




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