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¿Al cliente, lo que pida?

Por Brasil Acosta

La industria automotriz es una de las más rentables del mundo. Produce y vende, al año, millones de coches. Por poner un ejemplo, en el 2007 se produjeron nada más ni nada menos que 73.1 millones de automóviles a nivel mundial; por su parte, la producción de autos en México para el año 2009 fue de un millón 353 mil 577 unidades, lo cual quiere decir que se producen 3,708 carros por día. Esta inmensa cantidad de coches requiere, a su vez, una cantidad igualmente inmensa de recursos de todo tipo: no renovables, como el petróleo; carreteras e infraestructura vial en las ciudades; policías para cuidar que se respeten las reglas de tránsito, etc. No se puede negar la importancia que tiene el uso de los vehículos en la sociedad, pero, de igual manera, tampoco se puede negar el efecto negativo que tienen: la contaminación ambiental, las muertes por accidentes y, también, como resultado de los cada vez más frecuentes problemas de tránsito, los problemas de estrés.

Desde el punto de vista social, en el sistema de producción capitalista moderno, el automóvil se ha convertido en una mercancía cuyo valor de uso, es decir, la capacidad que tiene para transportar de un lugar a otro al que conduce o más pasajeros, ha sido relegado; en su lugar ha quedado la influencia subjetiva que ejerce sobre la sociedad el fetichismo de esa mercancía. Efectivamente, tener un carro se ha convertido en un “logro en la vida”; tener carro propio es sinónimo de “éxito”, de triunfo; y todo a pesar de que el poseedor del vehículo no lo necesite para una actividad productiva en específico. Por lo tanto, tener un carro se vuelve, más bien, una obsesión, un propósito permanente y, finalmente, una manera de ser.

Por lo mismo, aquel que puede hacerse de un carro: porque lo heredó, porque le ofrecieron un crédito, porque ahorró, porque le dieron el dinero de su retiro, porque se lo asignaron en la empresa para la que trabaja, etc., se siente “soñado” y procura que lo vean, que todo mundo se percate de que tiene carro; por eso, sin que venga a cuento, sale a relucir el tema del coche: que si los faros, que si la novedad del sistema de aire acondicionado, que si las bocinas, etc. Se habla de todo, menos de para qué realmente sirve. ¿Y esto por qué? Precisamente, porque las empresas se han encargado de divulgar la idea de que tener un carro da poder y eleva el “estatus”; con lo cual hace que los vehículos que, en un momento dado, pudieran no ser necesarios, se vuelvan “necesarios” y, de esa forma, se garantice el mercado de los automóviles que, como vimos, es de millones por año; las empresas, pues, hacen uso de la conducta social de los individuos para “forzarlos” (sutilmente) a que se hagan de un coche. Por eso mismo, el mercado de los automóviles es uno de los más activos del mundo: cada año se presenta un “nuevo modelo” (que es casi igual al anterior, pero que le cambiaron un par de cositas). Así, los que han acumulado riqueza, cambian de coche, como de calcetines; los que tienen ingresos medios, compran uno nuevo, pero baratón y, finalmente, los que tienen poco o casi nada, se conforman con los carritos viejos, de uso o chatarras; pero todos quieren tener coche. A qué niveles llegan las obsesiones y arbitrariedades en el mercado de los automóviles que, recientemente, un individuo en Texas hizo uso de la posibilidad que se tiene en Estados Unidos de cambiar un auto usado por otro nuevo a nivel de agencia, simplemente pagando la diferencia; sin embargo, lo curioso del dato es que llegó a cambiar un carro de la marca Buggati Veyron, carro cuyo costo es de mínimamente un millón de dólares, por uno de marca Corvete ZR-1, con un costo de poco más de 100 mil dólares.

Pues bien, las empresas automotrices, lejos de corresponder a las expectativas que ellas mismas han generado, al producir en serie y con el único propósito de vender para aumentar las ganancias capitalistas de ese negocio, han lanzado a la venta vehículos con fallas que pueden ser peligrosas. Se sabe, por ejemplo, que Toyota, la empresa japonesa, ha pedido la devolución de 8.5 millones de vehículos en el mundo para reparar una falla debido a la cual podría atascarse el acelerador y generar accidentes. La reparación de cada vehículo puede durar hasta media hora, de lo cual se deduce que se van a tener que invertir más de cuatro millones de horas en esas reparaciones, que bien pudieran emplearse en otras tareas más bien productivas. Pero eso no es todo, la empresa en cuestión, guiada por el afán de lucro, negoció con los organismos reguladores en Estados Unidos para que, precisamente por la falla en cuestión, no retiraran una buena cantidad de autos de la circulación. La empresa Toyota, con esa maniobra logró ahorrar más de cien mil millones de dólares. “Se puede sentir que el personal estaba pensando más en las ganancias de la compañía que en los clientes”, dijo en un correo electrónico Mamoru Kato, un analista de Tokai-Tokyo Securities.

Como se ve, al cliente no se le da lo que pide. Primero, se le lava el cerebro con la artillería pesada de la propaganda, con la cual impactan al individuo haciéndolo sentirse “poderoso” con coche, o perdedor, sin él; segundo, una vez que le dan la mercancía, es decir, el coche, lejos de resolverle los problemas que se detectan después de salida la mercancía, se trata de negociar con los organismos reguladores para que las empresas automotrices “ahorren”, aún a riesgo de que los autos presenten fallos y se produzcan lamentables accidentes. Entonces, primero embaucan al cliente y luego no hacen lo que debieran para satisfacerlo. Esa es la moral de las empresas dedicadas a la producción y venta de vehículos.

Brasil Acosta Peña es Doctor en Economía por El Colegio de México, actualmente labora como profesor – investigador visitante en el Centro de Investigación y Docencia Económica


7 Responses to “¿Al cliente, lo que pida?”


  1. 1 Anónimo
    11 marzo, 2010 a las 05:00

    La verdad es que “Machetearte” tiene (al menos) mas argumentos “solidos” que los que tu muestras.

    Trata de entender que un analisis no se puede basar en lugares comunes ni preconcepciones.

    Saludos!

  2. 2 Anónimo
    11 marzo, 2010 a las 08:44

    La diatriba en contra de las empresas no es convincente. Frases como “lava el cerebro con la artillería pesada de la propaganda” es vago, inconcluso y desinformativo. Miles o millones de personas no sienten el automóvil como lo describes, sino como un medio de transporte cómodo para llegar al trabajo o a su destino. Punto. Los comentarios al sistema capitalista, empresas malas, etc, sinceramente salen sobrando.

  3. 3 Anónimmo
    11 marzo, 2010 a las 15:37

    Aun cuando el aporte a la valoración de los coches que puedan tener características de éstos como “ser señal de estatus social” no es claro, es claro que existe este aporte. En ese sentido, y teniendo en cuenta los altos costos ambientales y de otras externailidades negativas como estrés vía tráfico, y teniendo también en cuenta los costos de tener un coche (tenencia, impuestos, manutención, etc), sería interesante preguntarse cuán grande es la valoración, de uso y no de uso (como estatus), que se le da a los coches, de qué forma descontamos el futuro, y otras cuestiones de este tipo, dado que esta valoración parece superar los costos negativos de tenerlos en ciudades como el DF.

  4. 4 Anónimo
    11 marzo, 2010 a las 22:47

    ¿”La industria automotriz es una de las más rentables del mundo”? ¡El año pasado no lo parecía!

  5. 5 Anónimo
    15 marzo, 2010 a las 17:07

    Esto es un panfleto de los que te dean en el Metro: lleno de lugares comunes, percepciones personales, no hay datos sólidos ni análisis objetivo.

  6. 6 Anónimo
    16 marzo, 2010 a las 11:52

    Creo que existen gran cantidad de formas de abordar el tema de la industria del automovil que sería mucho más interesantes y formales que el que se presenta aquí. ¿Porqué no analizar el efecto de la propaganda dentro de un marco de “reference dependence utility models” o incluso de identidad? ¿Porqué no analizar el retiro masivo de autos Toyota desde un modelo de reputación? ¿Porqué no comentar que la utilidad derivada de un auto no depende únicamente de su uso como transporte, sino de la cantidad de amenidades que los carros ofrecen, en el marco de un modelo hedónico? Había muchas formas de presentar el tema y decidiste dar una opinión que me parece muy visceral y con ninguna fundamentación económica. Creo que en este post no le dieron a los clientes de la Puerta del CEE lo que pedían.

  7. 7 Alajandro Moreno
    5 mayo, 2010 a las 20:52

    Bueno pues a mi me parece un buen analisis, sin entrar en tantas peculiaridades como se menciona en ciertos comentarios anteriores, creo que el proposito de este blog no es hacer una tesis acerca de la industria automotriz ni tampoco del impacto biopsicosocial del uso del automovil. Esto es un blog y creo no pretende ser nada mas que eso. Hay lugares especificos en la red donde se pueden encontrar textos cientificos.
    Saludos


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