Archivo para 29 abril 2010

29
Abr
10

Producto potencial y recesiones en México

Por Gerardo Esquivel y Williams Peralta

El nivel del producto potencial se define comúnmente como el nivel de producción en el que una economía produciría si se encontrara en una situación de “pleno empleo” o en “la tasa natural de desempleo”. En la práctica, el producto potencial usualmente se calcula utilizando un filtro estadístico y la brecha del producto u “output gap” es la desviación porcentual del producto  observado en relación a su nivel potencial.

En particular, el filtro de Hodrick y Prescott (1997) (HP, de aquí en adelante) es el que se utiliza con mayor frecuencia para obtener la tendencia de la producción en un determinado momento y, para ello, utiliza información tanto pasada como futura. Sin embargo, cuando las observaciones futuras son relativamente escasas, el filtro HP a menudo no logra medir en forma apropiada el componente cíclico de la producción. Este problema es importante en las partes finales de la muestra, lo cual suele ser el punto más relevante desde la perspectiva de la formulación de políticas, ya que éste indica el nivel de la brecha de producción actual.

En la literatura existen por lo menos dos alternativas para tratar este problema: el filtro de St. Amant y van Norden (1997) y el filtro de Christiano y Fitzgerald (2003). Estos dos métodos son mejores que el filtro HP para tratar con el “problema al final de la muestra” (véase, por ejemplo, Antón, 2010).

El Filtro de Hodrick – Prescott (HP)

Sea y el logaritmo del PIB real en cada periodo t. Entonces, el filtro HP descompone esta serie de tiempo en un componente cíclico (y*) y una tendencia. Para obtener la tendencia del filtro HP se tiene que minimizar  la función objetivo:

El parámetro λ define la suavidad de la tendencia. Es decir, mientras mayor sea el valor de λ, más suave será el componente de tendencia. Es obvio que si  λ = 0 simplemente la tendencia será igual a la serie original. Mientras que si λ tiende a infinito, la tendencia se corresponde a una línea recta. Para los datos trimestrales, el valor convencional de λ es de 1600.

El Filtro St – Amant Van Norden (SAVN)

El filtro SAVN es una extensión del filtro de HP. Este método consiste en incluir una condición adicional al problema de minimización:



El nuevo término castiga la desviación de la tendencia de crecimiento en relación con la tasa de crecimiento del producto a largo plazo en la parte final de la muestra. Hay dos nuevos parámetros en el problema de minimización: la tasa de crecimiento a largo plazo de la serie (constante determinada por el investigador) y el parámetro de sanción λss, que suaviza la tendencia en las últimas j observaciones de la muestra.

El Filtro Christiano – Fitzgerald (CF)

Christiano y Fitzgerald (2003) proponen un método basado en un filtro de bandas para la recuperación de la tendencia de las series de tiempo con una periodicidad que va de un límite inferior (pl) a uno superior (pu). Este filtro requiere una cantidad infinita de datos para derivar  una tendencia óptima. Por lo tanto, el filtro propuesto es una aproximación lineal del filtro óptimo. Para descomponer la serie original se supone que los datos son generados por una caminata aleatoria (esta aproximación es falsa en muchos casos) y la expresión a estimar es la siguiente:

Donde los coeficientes de Bt son las ponderaciones que tienen las variables en el tiempo y que son funciones de pl y de pu. Es indudable que el filtro CF también está expuesto al problema  del  “final de la muestra”, pero incluso considerando este problema se ha señalado que la estimación con el filtro CF de la brecha del producto se comporta mejor que la metodología del filtro HP (Antón, 2010; Christiano y Fitzgerald , 2003).

Resultados

Los resultados de la aplicación de las tres metodologías anteriores al caso mexicano para el período que va de 1989 a 2009 se muestran en el siguiente gráfico:

Por su parte, las correspondientes brechas de producto son las siguientes. Los tres primeros periodos sombreados corresponden a las definiciones de recesión en México identificadas en Acevedo (2009), mientras que el último periodo es una estimación propia.

Nótese que de acuerdo a estas estimaciones, la recesión en México habría terminado en el segundo semestre de 2009 y la brecha del producto se habría reducido de manera importante en los dos trimestres más recientes.

Gerardo Esquivel es Doctor en Economía por la Universidad de Harvard. Actualmente labora como profesor – investigador en El Colegio de México. Williams Peralta es Maestro en Ciencias Económicas. Actualmente estudia el Doctorado en Economía en El Colegio de México

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27
Abr
10

Seguro popular

Por Raymundo Campos

Hace unos días el periódico El Universal reportó que el Seguro Popular (SP) era un derroche sin resultados. Al leer las notas uno creería que en verdad el Seguro Popular es un programa que debe ser eliminado por tan mala administración y tan malos resultados. El Seguro Popular es un programa social con cobertura de salud para las personas que no están cubiertas por las instituciones de salud en el país (i.e. sector informal).

Desde que regresé a México en Junio de 2009, he tratado de acostumbrarme al tono de los medios y su forma de dar noticias. A veces me cuesta mucho trabajo. Los diarios internacionales, llámese New York Times, Wall Street Journal, San Francisco Chronicle, El País,  siempre tienen alguna nota positiva, o simplemente una nota irrelevante en términos políticos pero interesante para la vida. Recuerdo una nota de una ex estudiante, Kim Mai Cutler, en la primera plana del WSJ. Ella narraba cómo un nuevo tango estaba surgiendo en Berkeley, CA. Irrelevante en términos políticos, pero muy interesante. Extraño esas notas. Además de este punto, generalmente las notas de esos periódicos son muy objetivas, a diferencia del caso mexicano.

Todo esto se deriva después de leer la nota de El Universal sobre el Seguro Popular. Si bien el SP no es una panacea para resolver los problemas de salud en México, el SP sí representa un avance en cobertura de salud. Las investigaciones recientes sobre el impacto del Seguro Popular son muy claras. Por ejemplo, si bien en alguna de las notas periodísticas se mencionaba que la cobertura de enfermedades es limitada, no se mencionó que la cobertura es del 95%, casi completa. Rodrigo Barros encuentra que si bien la cobertura del SP no mejoró la salud de la población beneficiaria, sí redujo el gasto catastrófico de la población. En teoría, ese resultado era el que debíamos de esperar. Antes, las familias tenían que realizar gastos de bolsillo y atenderse, lo cual aumentaba su probabilidad de caer en pobreza. Ahora con el SP, se atienden pero no realizan gastos de bolsillo o bien son disminuidos considerablemente.

De hecho, Gary King, profesor de Harvard University, fue el encargado de evaluar al Seguro Popular. Las notas periodísticas de esa universidad definitivamente son muy diferentes a las publicadas en México. Los resultados de la investigación del Prof. King revelan que el gasto catastrófico se redujo en 23%, y no hubo efectos en la salud de los beneficiarios. Estos resultados son similares a los encontrados por Rodrigo Barros. Más aún, la investigación de Hernández-Torres et al (2008) para los estados de Colima y Campeche demuestra que el Seguro Popular reduce el gasto catastrófico en 8%. El Universal cita la evaluación del Instituto Nacional de Salud Pública mencionando que “en 2007 una evaluación del Instituto Nacional de Salud Pública reveló que el Seguro Popular no cumplía con el objetivo de evitar que los asegurados realizaran ‘gastos de bolsillo’”, pero nada más alejado de la realidad. En la evaluación del INSP se menciona que: “El resultado más notable de esta evaluación es que el objetivo fundamental de la reforma –proteger a los hogares mexicanos que incurren en gastos de bolsillo que les generan gastos catastróficos y empobrecedores– parece estarse cumpliendo… Los resultados tanto del estudio controlado como del estudio observacional indican que el SP está teniendo un efecto protector contra los gastos catastróficos de las familias afiliadas (página 17).”

Para finalizar, si bien el SP no fue creado para solucionar todos los problemas de salud de México, creo que al menos debemos sentirnos contentos que se haya hecho algo en la dirección correcta. Claro que nos falta camino por recorrer, pero eso es muy diferente a que el Seguro Popular es un derroche sin resultados.

Raymundo Campos Vázquez es Doctor en Economía por la Universidad de California – Berkeley, actualmente labora como profesor – investigador en El Colegio de México.

26
Abr
10

Seminario: Paradigmas financieros, crisis y regulación

Alain Ize, consultor senior del Banco Mundial, actualmente profesor visitante en el CEE, y uno de nuestros escritores invitados en La Puerta del CEE, presentará el seminario Paradigmas financieros, crisis y regulación muy en línea con su reciente post.

22
Abr
10

¿Estrategia o restricción?

Por Irvin Rojas

La semana pasada, Ben Bernanke, Presidente de la Reserva Federal estadounidense, declaró que era necesario que La Casa Blanca diseñara pronto un plan creíble orientado a reducir el déficit público (que se disparó a raíz del estimulo impulsado por Barack Obama para contrarrestar los efectos de la crisis). “Although sizable deficits are unavoidable in the near term, maintaining the confidence of the public and financial markets requires that policy makers move decisively to set the federal budget on a trajectory toward sustainable fiscal balance”, dijo ante el Congreso.

En cambio, algunas autoridades económicas de México han expresado su confianza en la solidez de las finanzas públicas y se complacen de la forma en que se manejó la crisis financiera en dicha materia. Por ejemplo, hace algunas semanas Alejandro Werner declaró a Business Week que la solidez de las finanzas públicas mexicanas protegería al país de la creciente preocupación de los inversionistas por que los países puedan servir sus obligaciones. En un contexto de laxitud fiscal, “looking at what’s going on in Europe today, it looks like a good move”, dijo el Subsecretario de Hacienda.

Además, sé que los altos mandos del Banco de México se encuentran tranquilos con los indicadores del déficit público, pues consideran que a diferencia de muchos otros países que implementaron una política fiscal contra cíclica para aminorar los efectos de la crisis, el que México no incurriera en déficits de magnitudes similares asegura que éste se mantenga en una trayectoria sustentable, tal como lo dejó ver Manuel Ramos Francia, en un seminario presentado ante alumnos de El Colegio de México.

Cabe recordar que a finales de 2009, Standar & Poors bajó el rating crediticio de México a “stable”, sólo una categoría por encima del “junk”, aún cuando el déficit presupuestal del país no es siquiera comparable con el de los países con los mayores programas anti crisis. De acuerdo a estimaciones de Jonathan Heath, Economista en Jefe para América Latina de HSBC,  los Estados Unidos habrán acumulado en 2009 un déficit del 15% del PIB, Gran Bretaña de más de 13%, Rusia de 8.4% (superávit 2008 de 8.4%) y Arabia Saudita de 2.5% (superávit 2008 de 32%). México, en cambio, tendría un déficit de 2.3% (superávit 2008 de 0.1%), lejos también del déficit de 13% o más que enfrenta Grecia y que sin embargo goza de una calificación crediticia similar (pueden ver un interesante reportaje sobre la crisis de la deuda soberana griega en The Economist).

Al parecer, el optimismo mostrado por las autoridades mexicanas no está bien sustentado si pensamos que las decisiones fiscales que llevaron a contracción del gasto y aumentos en los impuestos para 2010 se basaron más en las restricciones intertemporales que enfrenta el gobierno mexicano en materia de déficit público, además del temor por la pérdida de la categoría crediticia. Es decir, quizás el gobierno mexicano no podía hacer otra cosa, aún cuando los funcionarios hoy expresen que fue una decisión muy bien pensada.

En particular, pienso que hay dos aspectos de las finanzas públicas que explican más las decisiones del gobierno mexicano en cuanto a política fiscal y que ponen de manifiesto las restricciones tan fuertes bajos las que opera. Me refiero a los temas de la baja recaudación y la caída en la producción petrolera.

El primero de ellos es un problema de décadas en nuestro país. La recaudación tanto del IVA como del ISR es de las más bajas de los países de la OCDE. México recauda 4.2% del PIB en IVA y 5.2% del PIB en ISR, cuando Dinamarca recauda 29.5%, para una recaudación total cercana al 17% en 2007, según “Revenue Statistics 1965-2008”, de la OCDE. Más aún, el gasto en nómina y los puestos de mando medio se han incrementado notablemente en los últimos años. En total, el gasto gubernamental se ha duplicado en los últimos nueve años. La baja recaudación se puede convertir en un problema aun más grave en el mediano plazo si consideramos el otro aspecto en el que las finanzas públicas se muestran nada sanas, que es la caída en los ingresos petroleros.

Fuente: Revenue Statistics 1965 - 2008

Durante muchos años, Pemex explotó el yacimiento de Cantarell con relativamente poca inversión. Además, los altos precios registrados entre 2006 y 2008 generaron grandes excedentes que fueron empleados para pagar parte de la deuda extranjera y para crear un fondo de estabilización, aunque en mayor parte, fueron a dar a las arcas de los estados y municipios para proyectos “sin sentido económico”, de acuerdo a Luis Rubio, del Centro de Investigación para el Desarrollo.   La caída de los precios internacionales del crudo y el decaimiento de la producción en dicho yacimiento ponen a las finanzas públicas en serios aprietos. Cerca de la mitad de los ingresos tributarios del país provienen de impuestos y aprovechamientos cobrados a Pemex. Mientras los precios y la producción estuvieron altos, esto no representaba mucho problema. Sin embargo, la producción hoy se encuentra en 30% de los niveles observados en 2004 y los precios lejos de los más de 120 dólares por barril de 2007 y 2008.

Fuente: The Economist

Estos dos aspectos ponen de relieve el problema grave de las finanzas públicas mexicanas, que exigen reformas profundas en la materia. Una reforma fiscal que incremente sustancialmente la recaudación y disminuya la dependencia de los ingresos petroleros ha sido emplazada por muchos años, generándose en su lugar un sin número de misceláneas fiscales que no han ayudado mucho. Por otro lado, la reforma petrolera de 2008 no ataca el principal problema, no deja mucho margen para incrementar la inversión requerida para aumentar la producción y las reservas (que al ritmo actual son suficientes para 9 ó 10 años).

Entonces, parece que lo que las autoridades económicas mexicanas presumen como una estrategia correcta, refleja más que nada las grandes restricciones fiscales bajo las que opera, y el reconocimiento de que las finanzas públicas enfrentan serios problemas en el mediano y largo plazo.

Irvin Rojas Valdés es Licenciado en Economía Agrícola por la Universidad Autónoma Chapingo. Actualmente estudia la Maestría en Economía en El Colegio de México.

21
Abr
10

La economía y el fútbol

Por José María Contreras

A propósito de la próxima realización de la Copa Mundial de Fútbol en Sudáfrica, a muchos aficionados mexicanos que compartimos nuestra afición tanto por este deporte como por la economía, nos inquieta dos cosas: en primer lugar, los costos y beneficios económicos involucrados en este evento y, en segundo lugar, cuáles son las posibilidades reales del equipo mexicano de ganar esta competición. En ambos casos, la economía y los economistas pueden ofrecer algunas respuestas.

Respecto al primer punto no hay duda que la Copa del Mundo es un verdadero negocio. La empresa de consultoría e investigación De la Riva Group estima que la Copa Mundial de Fútbol de Sudáfrica en conjunto con todos los equipos afiliados a la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA) representan unos 500,000 millones de dólares. Sin embargo, la mayor parte de los economistas se muestran escépticos respecto a que la realización de un evento deportivo como la Copa del Mundo sea una buena idea, ya que los enormes costos que implica su organización (por ceremonias de inauguración y clausura, construcción de estadios, obras de infraestructura, transporte y comunicaciones y otros) parecen superar por mucho sus potenciales beneficios económicos (creación de empleos, entradas de divisas por turismo, etc.), y en muchas ocasiones el país (y/o las ciudades sedes) de este evento terminan con elevadas deudas, que al final deben pagar los ciudadanos. Sólo para dar una idea de los elevados costos que implica un evento deportivo: se estima que la ceremonia de apertura de las Olimpiadas de Beijing en 2008 costaron más de 100 millones de dólares, mientras que al menos 100 millones de chinos viven con menos de 1 dólar al día, de acuerdo a “El efecto olímpico en el comercio” de Rose y Spiegel (2010).

Por otra parte también está el argumento de que muchos de esos gastos representan una desviación de fondos para dicho acontecimiento, en detrimento de proyectos sociales, como escuelas y hospitales, que serían más beneficiosos para un país como Sudáfrica, es decir, el costo de oportunidad de realizar la Copa del Mundo es extremadamente elevado. Finalmente, se argumenta que muchos de los beneficios son capturados por empresas privadas patrocinadoras y por las grandes cadenas de televisión. En definitiva, los economistas son partidarios de que antes de emprender una tarea gigantesca como organizar una Copa del Mundo (o unos Juegos Olímpicos) deben considerarse con mucha calma y detenimiento sus costos y beneficios.

Pero, a pesar de lo anterior, muchos países están más que dispuestos a organizar este tipo de eventos: “El deseo de acoger una Copa Mundial o unos Juegos Olímpicos es insaciable” dice Jeremy Clift (en “Gol a favor o en contra”), Director de la Revista Finanzas y Desarrollo, una publicación trimestral del FMI, que dedica su más reciente número al análisis de la relación entre economía y deporte. En el caso de Sudáfrica parece que la importancia simbólica de ser el país anfitrión va más allá del orgullo de ser los primeros en organizar una Copa del Mundo de Fútbol en el continente africano, sino que está estrechamente ligado a la reconstrucción de su economía, la reducción de las antiguas divisiones sociales y raciales, y la creación de una nueva identidad nacional.

Fuente: Portada del número de marzo de la revista Finanzas y Desarrollo, del FMI

Algunos economistas han tratado de medir el impacto de acontecimientos deportivos como las Olimpiadas o las Copas del Mundo sobre el comercio, a través de cuidadosos estudios econométricos usando los denominados modelos de gravedad, y han encontrado, sorpresivamente, que sí tienen un impacto positivo, considerable y permanente sobre los flujos comerciales según The Olympic Effect”, de Rose y Spiegel (2009). Los autores rgumentan que esto parece estar relacionado con el hecho de que los países anfitriones tienden a liberalizar su comercio a partir de dicho acontecimiento deportivo, es decir, dichos eventos aparentemente inducen la liberalización gracias a las actividades o a la creación de infraestructura que traen asociada (recuérdese que México organizó la Copa del Mundo en 1986, que coincide con el inicio del proceso de apertura comercial del país y su incorporación al GATT (OMC)). Con base en lo anterior, piensan que la realización de la Copa del Mundo por parte de Sudáfrica constituye una declaración patente de que ese país se está transformando en un miembro responsable de la comunidad internacional y está enviando una señal, a sus ciudadanos y al resto del mundo, de que desea liberalizar su comercio exterior.

Respecto al segundo punto, casi siempre que como aficionados especulamos acerca de las posibilidades de que México sea campeón del mundo, arribamos a la conclusión de que existen muy pocas, y lo más que deseamos es que México haga un buen papel, que supere al de la pasada Copa del Mundo realizada en Alemania. En dicha competición, el equipo mexicano realizó una de sus mejores actuaciones, pero al final quedó la sensación de que el equipo falló en la hora decisiva: “jugamos como nunca y perdimos como siempre”. Actualmente la selección mexicana ha incluido a varios futbolistas que tienen experiencia en ligas extranjeras, especialmente la europea, y la dirige un técnico de amplia experiencia nacional e internacional, que le imprimió carácter y sentido táctico al equipo, pero aún con todo, la pregunta sigue siendo la misma: ¿Seremos capaces ésta vez de ganar la Copa del Mundo?

Parece que la respuesta a esta pregunta tiene muy poco que ver con nuestros deseos y sí mucho con las estadísticas y ¡la economía! Recientemente se publicó el libro Soccernomics (2009), escrito por los ingleses Simon Kuper, columnista del diario londinense Financial Times, y Stephan Szymanski, economista de la City University de Londres especializado en deportes, donde los autores se plantean usar las herramientas de la economía, en particular la econometría, para entender mejor el fútbol (una reseña del libro se encuentra en la revista Finanzas y Desarrollo antes citada y es realizada por Heiko Hesse, economista del FMI y exjugador profesional de fútbol del Borussia Dortmund, de la liga alemana). Kuper y Szymanski metieron cientos de datos en una computadora y corrieron modelos de regresión y encontraron que tres variables: la población, el PIB per cápita y la experiencia futbolística de un país, son los principales factores que explican el éxito de un equipo en la primera ronda de la Copa del Mundo. Sin embargo, estos tres factores sólo explican el 25 % de la variación en las diferencias de goles, y el restante 75% son elementos fortuitos o aleatorios.

Con base en sus resultados, diseñaron una lista con los países de mayor potencial futbolístico. México quedó en el lugar 78º entre 188 naciones (¡nada que ver con los rankings que hace la FIFA!), porque, según los autores, falla en dos de las tres categorías. Tiene población suficiente como para convertirse en una fuerza dominante en el futbol (como Turquía y Japón), pero el tamaño de su economía aún es relativamente bajo y tiene una escasa experiencia futbolística internacional. Para medir esto último, los autores tomaron los partidos oficiales jugados por todas las selecciones nacionales entre 1980 y 2001 y encontraron que en ese periodo, el Tri jugó 278 partidos; en cambio, Alemania, Inglaterra y Brasil, jugaron más de 750 partidos cada uno. Tampoco ayuda a México ser miembro de una confederación regional tan insular como la Concacaf que, históricamente, ha tenido poco contacto con el resto del mundo futbolístico. En entrevista reciente realizada por la revista Expansión, “Matemáticas para ganar el mundial”, Kuper, dice que: “a México le falta experiencia, enfrentarse más a menudo con los mejores equipos del planeta. La selección mexicana sólo ve el mejor futbol en las Copas del Mundo, cuando quizás ya es un poco tarde, porque hay que rendir inmediatamente”. Así que si tomamos en cuenta los resultados de este estudio, desafortunadamente no debemos ser demasiado optimistas acerca de las verdaderas posibilidades de ganar la Copa del Mundo en Sudáfrica.

Uno de los muchos asuntos que Kuper y Szymanski abordan en su libro es el dinero que despilfarran los clubes cuando compran jugadores: creen que las directivas y los entrenadores se enamoran perdidamente de futbolistas sobrevalorados que juegan bien dos partidos o que súbitamente aparecen en las portadas de los diarios, y su recomendación, que casi podría ampliarse a cualquier gerente a cargo de un grupo de empleados, es que la inclusión de un futbolista en un equipo debe evaluarse por toda su carrera (no por su desempeño de los últimos meses), debe tomarse en cuenta a jugadores que estén atravesando o hayan atravesado una mala racha pero que tengan cualidades técnicas y poner el foco en veinteañeros, que son los que ofrecen mejor rendimiento.

Javier Aguirre, técnico de la selección nacional, en declaraciones hechas en Madrid en febrero de este año confesó que ha leído el libro Soccernomics. Quizá le haya hecho caso a esta recomendación y ello explica la aparentemente sorpresiva decisión de incluir a jugadores como el Conejo Pérez, el Bofo Bautista, el Venado Medina, y otros que no habían sido tradicionalmente considerados en los llamados a la selección, y a los jovencitos Chicharito Hernández y Jonathan Dos Santos, que atraviesan un buen momento y prometen buenos rendimientos. Si El Vasco le atina, en una de esas nos convertimos en ¡campeones del mundo!, incluso contra la opinión de los economistas.

José María Contreras Castillo es candidato a Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Autónoma de Barcelona, actualmente labora como profesor – investigador en la Universidad Autónoma Chapingo.

21
Abr
10

Seminario Prior-free Mechanism Design

El Centro de Estudios Económicos del Colegio de México, El Cimat y la Escuela de Economía de la Universidad de Guanajuato nos invitan al seminario Prior-free Mechanism Design:


El programa y otros datos del evento pueden consultarse en su página web

14
Abr
10

frases que (me) ayudan a pensar

Por Isidro Soloaga

Primera frase

Rates of growth or real per-capita income are…diverse, even over sustained periods…[Indian] incomes will double every 50 years; Korean every 10… I do not see how one can look at figures like these without seeing them as representing possibilities. Is there some accion a government of [India] could take that would lead the [Indian] economy to grow like Indonesia´s..? If so, what exactly?… The consecuences for human welfare involved in questions like these are simply staggering: Once one starts to think about them, it is hard to think about anything else.

Esta cita es de Robert Lucas Jr, expresada en su Marshal Lectures en la Universidad de Cambridge en 1985. Increíble que India, con su rápído crecimiento de los últimos años,  ahora quizás no sería un buen candidato para las comparaciones que realizara Lucas en 1985. Cambiemos entonces “India” en el párrafo anterior por “México”. Shocking, ¿no? Realmente, ¿puede uno pensar en algo más luego de ver los desempeños tan distintos de estas economías (Korea vs. México)?

Segunda frase

Versión a) Una sociedad debería ser juzgada por cómo trata a sus habitantes que peor están.

Versión b) Al elegir, hay que elegir una política económica que maximice la “utilidad” del grupo de la sociedad al que peor le va.

Estas dos frases a) y b), elaboradas con base a los desarrollos de John Rawls sobre teorías de justicia, contextualizan a la primera (la que puede resumirse en: hay que ver cómo hicieron ciertos países para duplicar el PIB per capita en diez años, y ver qué les pasa  a los que vienen rezagados), al hacernos pensar para qué/quiénes queremos el crecimiento y por dónde empezar cuando tenemos un peso ($) “sobrante”.

Tercera frase

El desarrollo es la expansión de las libertades efectivas de las personas de las cuales éstas pueden elegir.

Esta frase, basada en las ideas de Amartya Sen nos ayuda a leer la segunda frase e identificar un criterio para saber a quiénes es que “les va peor” en la sociedad… y nos aleja un poco (bastante) del objetivo de duplicar el PIB per capita en 10 años. El foco está en ampliar las libertades efectivas de las personas, libertades de las cuales éstas puedan elegir. Seguramente duplicar el PIB per capita ayuda… pero no es todo y mal haríamos en concentrarnos solamente en ese objetivo.

 Los invito a reflexionar sobre estos tres enfoques distintos/complementarios desde los cuales uno puede, tanto pensar la política económica para el crecimiento económico, como la economía política necesaria para que nuestra sociedad esté, de verdad, mejor.

Isidro Soloaga es Doctor en Economía por la Universidad de Maryland. Actualmente labora como profesor – investigador en El Colegio de México.




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