Archivo para 29 septiembre 2010

29
Sep
10

Historia Económica General de México.

Los invitamos a la presentación del libro “Historia Económica General de México” coordinado por la Dra. Sandra Kuntz Ficker.

22
Sep
10

Sobre el estudio de la movilidad social y la nueva evidencia para México

Por Irvin Rojas

Cuando decimos que un objeto se mueve es porque podemos definir un espacio geométrico y un grupo de cuerpos de referencia para describir el movimiento de los demás cuerpos con respecto a estos cuerpos de referencia en el espacio. De la misma manera, se entiende por movilidad social al cambio relativo de los individuos en la jerarquía social. Los sociólogos definen la jerarquía social con respecto a la pertenencia de los individuos a una clase ocupacional o a una clase política. Los economistas, en cambio, utilizan el nivel de ingresos para definir la jerarquía social. Estas dimensiones definen la estratificación social. Aunque estas tres dimensiones sociales se traslapan y muchas veces son redundantes, no es raro que los hombres más ricos no ocupen las posiciones más altas de la jerarquía política, como hace notar el sociólogo ruso Pitirim Sorokin, uno de los precursores del estudio de la movilidad social.

Los primeros estudios de movilidad social analizan el proceso con un enfoque sociológico y de economía política, empleando como herramienta fundamental la matriz de transición de clases ocupacionales. Una matriz de transición es una matriz de cuadrada de dimensión n en la que el j-ésimo elemento de la i-ésima columna denota la proporción de padres de la j-ésima clase social cuyos hijos se movieron a la i-ésima clase social. Es decir, la matriz representa las probabilidades de transición de una clase social a otra, en una generación.  Se interpretaban estos movimientos como respuestas al sentido de pertenencia de clase de ciertos grupos (por ejemplo, William Sewell en “Social Mobility in a Nineteenth-Century European City” atribuye la baja movilidad de los obreros en la Marsella del siglo XIX a su conciencia de clase y su desprecio por los trabajos burgueses), por las aspiraciones de la pequeña burguesía que simpatizaban con el individualismo y la propiedad privada, o a un proceso de “cortar las raíces”, acentuado en los migrantes y los hijos de los campesinos, quienes al liberarse de sus lazos familiares, respondían más a los incentivos para abandonar la ocupación de sus padres. La Figura 1 muestra una típica matriz de transición, para el caso de Inglaterra (1949).

Más recientemente, los estudios de movilidad social interpretan los movimientos en la matriz de transición como respuesta a elementos de mercado, esencialmente, como respuesta a diferencias en la escolaridad alcanzada por los hijos.

En el caso de México, Fernando Cortés y Agustín Escobar, por ejemplo, estudian la movilidad social para una muestra urbana con una matriz de transición modificada que evalúa la probabilidad de que un individuo alcance el estrato social más alto, condicional al estrato social de pertenencia del padre. En su artículo “Movilidad social intergeneracional en el México Urbano”, estos autores concluyen que a partir de 1988 se presenta un descenso en las oportunidades de todos los estratos sociales para ascender a la clase social más alta, lo cual se atribuye al cambio “en el modelo de acumulación”. Además, este estrechamiento de las oportunidades fue mayor para las clases sociales más bajas, lo cual, de acuerdo a los autores, es un indicador “de creciente desigualdad y de un aumento de la barrera que separa los logros de las clases superiores e intermedias respecto a los obreros, empleados de bajo nivel de los servicios y de los agricultores en general”.

Los economistas han seguido una estrategia alternativa para analizar la movilidad social. Gary Becker y Niegel Tomes, en su influyente artículo “An Equilibrium Theory of the Distribution of Income and Intergenerational Mobility”, formalizan la transmisión intergeneracional del ingreso de padres a hijos empleando un modelo en el que los padres maximizan su utilidad, que depende de su nivel de consumo y del ingreso de su descendencia. Un resultado de esta teoría es la conocida regresión de Galton – Becker – Solon, que define el ingreso de cada hijo en función del ingreso del padre:

yH = α + βyP + uH

Con este resultado, los primeros estudios de transmisión intergeneracional estiman la elasticidad intergeneracional del ingreso, conocida en la literatura como “beta intergeneracional”, con una regresión por mínimos cuadrados en la que una medida logarítmica del ingreso de los hijos se explica por una medida logarítmica del ingreso de los padres y un término de error, controlando por la edad tanto de los padres como de los hijos, empleando datos en forma de panel. La metodología para la estimación con datos en panel es revisada por Gary Solon, quien en su artículo “Intergenerational Income Mobility in the United States” expone los problemas presentes en los primeros estudios y propone el método hoy popular en la literatura.

En muchos países la carencia de datos en forma de panel supone un obstáculo para la estimación de la elasticidad intergeneracional. Para salvar esta dificultad, Björklund y Jäntti en su influyente artículo “Intergenerational income mobility in Sweden compared to the United States” proponen usar dos muestras de sección cruzada, una para padres y otra para hijos, empleando mínimos cuadrados en dos etapas en dos muestras. La idea es construir un “padre sintético” para cada individuo de la muestra de hijos, empleando los coeficientes de regresión de una primera etapa en la que se explica el ingreso del padre por medio de su nivel educativo y su ocupación.

En mi trabajo “Transmisión Intergeneracional del Ingreso en México” empleo el mismo método para estimar la elasticidad intergeneracional en México usando los datos de la Encuesta de Movilidad Social 2006 del Centro de Estudios Espinosa Yglesias y la Encuesta de Ingreso y Gasto de los Hogares 1992 del INEGI. Los resultados arrojan una estimación de la beta intergeneracional de 0.31. La Figura 2 muestra los resultados obtenidos para distintos países empleando una metodología similar. Los resultados implican un mayor grado de movilidad social en México que en todos los países en desarrollo con estudios comparables.

Los resultados parecen sorprendentes si consideramos que México sigue siendo uno de los países con mayor desigualdad del ingreso en América Latina (ver el “Informe Regional sobre Desarrollo Humano para América Latina y el Caribe 2010”). Es probable que la cobertura educativa gratuita esté actuando a favor de los individuos menos habilidosos, abriéndoles mayores oportunidades de romper los lazos familiares. Esto se establece en el trabajo al rechazar la presencia de restricciones de crédito en la muestra disponible. (Se dice que un agente enfrenta una restricción de crédito si el monto de inversión óptima, aquel con el que maximiza su utilidad o beneficio, es tal que no puede afrontarlo con sus recursos disponibles y tampoco tiene la posibilidad de endeudarse).

La movilidad social es un tema en el que falta mucho por investigar. La disponibilidad de encuestas en forma de panel y con información sobre muchas otras características de los individuos a lo largo de varias generaciones representa una oportunidad para analizar la movilidad social de una manera cada vez más completa. Por ejemplo, la transmisión del coeficiente intelectual (IQ) y la habilidad, de la salud, de las actitudes y el comportamiento social, del consumo y de la riqueza, entre otros. Entender los mecanismos detrás de la transmisión intergeneracional es el siguiente paso para proponer mejores políticas públicas, encaminadas a promover la igualdad de oportunidades.

Fuente: “Measuring Social Mobility”, de Sigbert Jon Prais (1955)

Fuente: Elaboración propia con los datos de la Tabla 2 en “Intergenerational Income Mobility in a Less Developed, High-Inequality Context: The Case of Chile”, de Nunez y Miranda (2010), y los resultados para México citados en el texto.

Rubén Irvin Rojas Valdés es candidato a Maestro en Economía por El Colegio de México.

08
Sep
10

“Experimantalistas” vs “estructuralistas”.

En preparación de mis clases de Maestría este semestre, he leído con gusto varios artículos sobre el debate entre “Experimentalistas” vs “Estructuralistas”. Les llamo así simplemente para identificarlos, y no con un tinte despectivo y mucho menos. De hecho, algunos nombres que mencionaré podrían estar de acuerdo en estar en ambos lados. El último número del Journal of Economic Perspectives incluye una interesante discusión sobre estos dos grupos (el paper de Angrist y Pischke (2010) puede ser visto aquí por ejemplo). Noam Scheiber en la revista The New Republic tiene un buen resumen sobre dos diferentes visiones de la economía. También el último número del Journal of Economic Literature contiene una interesante discusión entre Guido Imbens y Angus Deaton, y en formato electrónico aquí o acá. En esta entrada de blog, daré un muy breve resumen de los artículos y una opinión al respecto.

Los “experimentalistas” (Josh Angrist, Pischke, Esther Duflo, Banerjee) argumentan que debemos preocuparnos por el efecto causal de una variable sobre otra, no en correlaciones. Por ejemplo, si queremos conocer el efecto de la educación sobre los salarios, o el efecto de un programa de gobierno en salarios o pobreza, lo mejor que podemos hacer es un experimento aleatorio, y en su defecto una estrategia de identificación adecuada para obtener el efecto causal deseado. De esta forma, se minimizan los sesgos posibles y podemos tener lo que se conoce como “validez interna” (efecto causal) en la estimación. Este grupo de economistas argumentan que es más importante preocuparse por la validez interna que por otra cosa. Entonces esto ha llevado a que la investigación económica se limite a un contexto donde sea posible conseguir validez interna.

De esta forma Angrist y Pischke (2010) critican el estado de la Macroeconomía y Organización Industrial. Porque estas áreas no han evolucionado en buscar métodos más rigurosos para buscar validez interna. En cambio, esas áreas se han enfocado en modelos estructurales, calibración y simulación. Edward Leamer en la serie mencionada arriba del Journal of Economic Perspectives dice que Macroeconomía no puede tener tantos “experimentos” como los que Angrist y Pishcke desean. Su visión es más humilde, menciona que en macroeconomía “We seek patterns and tell stories.”

Por otro lado, Noam Scheiber describe adecuadamente el sentimiento de estudiantes de Doctorado al pensar en temas posibles de tesis y el sentimiento en general de varios economistas. Dados los estándares de publicación, los temas están sujetos a sobre si es posible conseguir validez interna. Esto lleva a que se realicen investigaciones posiblemente sin valor para la ciencia, como dice Raj Chetty en el artículo de Scheiber: “They’re not thinking: ‘What important question should I answer?’ So you get weird papers, like sanitation facilities in Native American reservations.”

Las críticas más duras del grupo de “estructuralistas” al grupo de “experimentalistas” es que no contestan preguntas importantes y que los experimentos sufren de validez externa. En primer lugar, se menciona que los experimentos son en pequeña escala o les falta un marco teórico adecuado, lo cual nos dice poco sobre la conducta de los agentes económicos. Es decir, un efecto económico nos dice poco si no conocemos la función estructural deseada. En segundo lugar, se critica que los experimentos o bien la estrategia de identificación nos da una respuesta sobre un grupo limitado de agentes económicos que no nos sirve para extrapolar los resultados a otras situaciones o contextos.

Ahora mi opinión. Creo que como ciencia económica debemos de aspirar a tener resultados confiables. Por tanto, creo que la validez interna es lo más importante dentro de un estudio económico. De esta forma la crítica sobre validez externa me parece un poco excesiva. Claro que un experimento aleatorio o una estrategia de identificación focalizada no nos brindan una respuesta general para todos los problemas, pero sí brindan una solución a una parte del rompecabezas. Con más investigaciones sólidas es posible formar un consenso sobre la relación económica de interés.

Michael Keane (2010) en su ensayo en el Journal of Economic Perspectives tiene una crítica dura hacia la falta de validez externa. El menciona que los resultados de los “experimentalistas” están sujetos al problema del “so what?”. Es decir, ahora qué hacemos con el efecto encontrado si no conocemos la función estructural. La crítica aplica de la misma forma a modelos estructurales. Creo que un efecto consistentemente estimado es mucho mejor que un efecto derivado de un modelo estructural. En el modelo estructural tenemos que asumir precisamente la función estructural, parámetros, etc. Por lo tanto, en mi opinión, este tipo de modelos están sujetos a la misma crítica.

No veo una conciliación próxima en ambos grupos en el futuro cercano. Al contrario, siento que estas diferencias quedarán marcadas probablemente tanto como la división entre universidades “Fresh water” y “Salt water”. Esperemos que en los siguientes debates haya un piso más común, sin tantas diferencias.

Raymundo Campos Vázquez es Doctor en Economía por la Universidad de California – Berkeley, actualmente labora como profesor – investigador en El Colegio de México.