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16
Mar
10

Psicología y economía

Por Raymundo Campos

Desde la publicación del paper de Kahneman y Tversky (1979), uno de los artículos más citados en la ciencia económica, el campo de investigación conocido como “psychology and economics” o bien “behavioral economics” ha crecido exponencialmente. Durante la década de los 80s era tema de investigación pero no parte de la estructura de los cursos en programas de doctorado. Además de Kahneman y Tversky, destaca Richard Thaler, autor del libro The Nudge, por sus contribuciones en el área de mental accounting. Sin embargo, en la década de los 90s las investigaciones de David Laibson y Matt Rabin fueron fundamentales para generar un nuevo campo denominado psicología y economía, y que éste se volviera un curso específico en los programas de doctorado (en algunas escuelas).

¿Qué estudia este nuevo campo? Excelentes revisiones de literatura pueden ser leídos en DellaVigna (2009) y para una revisión en español pueden leer a Ramírez y Torres (2010), o para una versión menos formal y más divertida pueden ver el video de Dan Ariely. El modelo neoclásico tradicional asume que el individuo es racional, consistente en el tiempo, preocupado únicamente por sus pagos (individuo es egoísta), y toma las decisiones independientes de cómo se presenta la información (en la terminología de Sunstein y Thaler, somos homo-economicus y procesamos la información independientemente de su presentación). Sin embargo, la evidencia empírica muestra que ese no es necesariamente el caso. Los individuos no son consistentes en el tiempo, el individuo puede variar su conducta de acuerdo a las normas sociales, y toma decisiones dependiendo de la información o situación. A continuación presentaré ejemplos en la literatura de cada uno de esos casos.

Los individuos tienen un problema de auto control cuando nos referimos a ahorrar (Laibson et al, 2001), ir al gimnasio (DellaVigna y Malmendier, 2006), dejar de fumar (Gruber y Koszegi, 2001), hacer la tarea (Ariely y Wertenbroch, 2002). Es decir, los individuos nos gusta decir mañana empezaré a ir al gimnasio, o mañana empezaré la dieta o dejar de fumar. Sin embargo, llega el día de mañana y la decisión cambia. Nos gusta procrastinar. Esto no es posible con el modelo neoclásico con individuos racionales, o bien homo-economicus. Homo-economicus realiza un análisis costo-beneficio, maximiza su utilidad y toma la decisión. Por lo tanto, si homo-economicus decide ir al gimnasio mañana es porque mañana asistirá al gimnasio. Sin embargo, homo-sapiens no se comporta de esa manera. Necesitamos reconocer nuestros problemas de auto control, tal como Ulises lo hizo al amarrarse al poste para resistir el canto de las sirenas.

Los individuos varían su conducta de acuerdo a las normas sociales. El caso más famoso es el de la guardería y los padres que llegan tarde a recoger a sus hijos de Gneezy y Rustichini (2000), el cual apareció en el best seller Freakonomics. Como los padres llegaban tarde a recoger a sus hijos, la guardería decidió establecer una multa por cada minuto de retraso. ¿Cuál fue el resultado? La multa tuvo el efecto perverso de incrementar el retraso de los padres! La multa eliminó la desaprobación o la norma social asociada al recoger al niño a la hora correcta, y se reemplazó con un costo monetario que los padres estaban dispuestos a pagar (sin sentirse mal por llegar tarde). Otros ejemplos de cómo en ciertas situaciones las normas sociales son más poderosas que el aspecto monetario pueden ser encontrados en el artículo de Heyman y Ariely (2004), o bien en la TED talk de Dan Ariely. El caso de las normas sociales es muy importante para México. Consideremos el problema del agua. Si bien los precios tienen que reflejar el costo verdadero del agua, también es cierto que es necesario establecer una norma social contra el desperdicio del agua. Por ejemplo, ¿cuántos de nosotros reclamamos a la persona que desperdicia agua? Lo mismo podemos decir de conductas como tirar basura, corrupción, etc.

Por último, los individuos toman decisiones diferentes de acuerdo a la situación y a la información relevante (las emociones afectan las decisiones). Por ejemplo, Ariely y Loewenstein (2006) realizan un experimento para analizar las implicaciones de la excitación sexual en jóvenes. Primero se les preguntó a los jóvenes (hombres) qué harían en ciertas situaciones si estuvieran “excitados”. Luego, a esos jóvenes se les dio una computadora con imágenes para que estuvieran en un estado de “excitación”. En este estado, la computadora les volvía a realizar las mismas preguntas que se les habían hecho anteriormente. Se encontró que los jóvenes estaban más propensos a conductas peligrosas como no utilizar preservativos o incluso hasta el abuso sexual. Las recomendaciones de política las da Ariely en su genial libro Predictably Irrational: 1. Disponibilidad de preservativos es esencial para los jóvenes (cada uno debería tener uno en el bolsillo, por si acaso), y 2. Si se quiere evitar actividad sexual por parte de los jóvenes, entonces el consejo es que eviten momentos pasionales, porque una vez que están excitados las preferencias cambian.

El área de Psicología y Economía nos ayuda a entender cómo verdaderamente se comporta el individuo. Este entendimiento definitivamente nos ayuda a diseñar mejores políticas públicas en el área de desarrollo económico, pobreza, finanzas públicas y economía laboral.  Como diría Sendhil Mullainathan en su conclusión de su TED talk: “we are on the verge of something big. We’re on the verge of a whole new social science. It´s a social science that recognizes… the complexity of the human mind.” Esperemos que eso se cumpla.

Raymundo Campos Vázquez es Doctor en Economía por la Universidad de California – Berkeley, actualmente labora como profesor – investigador en El Colegio de México.

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