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01
Jul
10

Agenda ciudadana. La Academia en tiempos de incertidumbre

Por Lorenzo Meyer

Indicadores de la Crisis. Que las cosas no marchan bien en este país es evidente: la nave está dañada y sin timón. El entorno internacional amenaza con pasar de la recesión a la “depresión larga” (Paul Krugman dixit) y la economía nacional apenas si crece; por eso las oportunidades de empleo son tan escasas como la honestidad de los responsables políticos. Las instituciones, de la presidencia al congreso o a la Suprema Corte, yerran tanto o más que aciertan. México tiene más multimillonarios de nivel mundial que nunca, pero su añeja desigualdad social se perpetúa.

Las cifras de víctimas del crimen organizado y de drogadictos mexicanos jóvenes van en ascenso. En vísperas del mega proceso electoral en 12 estados, es claro que en forma y fondo, la lucha partidista ya devino en un muestrario de prácticas ilegales e ilegítimas que sepultaron el espíritu democrático y, para colmo, en vísperas de esa jornada electoral el crimen organizado asesina a plena luz al candidato puntero en Tamaulipas. La conmemoración del bicentenario del inicio de la independencia y el centenario del inicio de la Revolución Mexicana tienen lugar más como un proceso burocrático que como auténtico momento de reflexión colectiva. Se echó mano de la vieja fórmula de pan y circo –el futbol- y ésta se vino abajo estrepitosamente, agudizando una depresión colectiva. Y la lista de indicadores de una crisis sistémica se puede duplicar o triplicar.

Ante un panorama tan turbio, algunos miembros de El Colegio de México, decidieron reunirse para discutir qué papel puede y debe jugar, si es que alguno, la comunidad académica mexicana en una coyuntura como la actual.

Las Universidades. La universidad actual es una institución que tiene su origen en la Europa Occidental, en las comunidades medievales de studia generalia que convocaban a estudiantes y profesores de toda Europa para ahondar en el campo del conocimiento erudito de la época. La primera universidad propiamente dicha se creó en Boloña a finales del siglo XI y a partir de ahí estas instituciones se multiplicaron y evolucionaron hasta ser lo que son hoy: complejas organizaciones públicas o privadas dedicadas, en principio, a ahondar de manera sistemática y racional en los campos del conocimiento científico y de las artes para trasmitir y poner en práctica ese conocimiento.

Las primeras corporaciones medievales de maestros y estudiantes eran bastante libres y fluidas, pero con el paso del tiempo la iglesia –y luego las iglesias- y los monarcas las financiaron y supervisaron para, siglos después, pasar a depender del Estado o de instituciones privadas pero certificadas por el Estado. Hoy, es impensable una nación moderna sin un conjunto de universidades, pues es ahí, aunque no solamente ahí, donde se desarrollan todas las disciplinas científicas y una parte de las artes y donde, además, se prepara a las élites que servirán para administrar al Estado y a buena parte de las empresas privadas e instituciones culturales.

El Conflicto entre la Ética y los Intereses. En principio y en el campo de las ciencias, la comunidad académica debe regir su conducta en función de su meta final: la búsqueda sistemática del conocimiento mediante los instrumentos científicos que tiene a su disposición cada disciplina y conduciéndose con la máxima imparcialidad posible.

De entrada, este modelo ideal tiene un problema de fondo: la objetividad. Algunos filósofos de la ciencia cuestionan que ésta sea posible pero eso no libera al científico de intentar alcanzarla. En las ciencias sociales es claramente imposible esperar una objetividad completa pero, con todo, debe de intentarse; es en el intento donde está la esencia del compromiso académico.

Política y Academia. Max Weber, el sociólogo alemán, planteó las diferencias irreductibles entre la ética del político y del científico. Medio siglo más tarde, en un artículo del New York Review of Books, otro alemán, el profesor Hans Morgenthau, retomó el tema de manera más directa: el análisis académico de los problemas sociales y, en particular del poder, en la medida en que es fiel a su esencia, tiene que ser subversivo y chocar con el interés del político. Y esto es así tanto en el caso de los académicos que abiertamente desaprueban el status quo como de aquellos que le apoyan. Todo análisis académico de lo social, sea radical, conservador o se encuentre en el medio, resulta incómodo para el poder político, aunque más el primero que los segundos.

La razón de la imposibilidad de compaginar los intereses de la academia y la política es simple. Para quienes ejercen o buscan el poder, lo importante es que el diagnóstico de la realidad le sea útil como instrumento para legitimar su posición y deslegitimar la de sus adversarios. Para el político, si los argumentos que explican la naturaleza de un problema o situación son falsos o verdaderos, acertados o erróneos, es un asunto secundario, lo importante es si sirven o perjudican a su discurso político, si son o no útiles en la lucha por el poder. Aquí, la verdad sólo es útil en la medida en que se le puede instrumentar.

En contraste con el político, el académico está entrenado para detectar e informar sobre las fallas en el orden existente, cualquiera que sea. Esa es parte de su función social. Como no existe el arreglo político-social perfecto, en principio cualquiera puede ser mejorado. Para el radical el mejoramiento implica deshacer, subvertir lo existente, en tanto que para el moderado y para el conservador, de lo que se trata es de descubrir las fallas para luego proponer las soluciones y ayudar así a preservar la esencia de lo existente. Pero lo importante, es que en los dos casos la crítica a eso existente es inevitable, aunque por razones distintas. Como sea, y en la medida en que el académico se exprese, va a causar problemas al político. Por eso, cuando un académico entra a la política su razonamiento cambia, pues las exigencias de su nueva actividad no son compatibles con las de la anterior y viceversa.

Tensión. Ningún país moderno puede prescindir de sus universidades, aunque parte de sus actividades incomoden o irriten al político profesional, sea que esté en el poder o en la oposición. En un mundo autoritario, se usa de la fuerza para controlar la actividad de la comunidad académica. En contraste, en un entorno democrático, la tensión entre el discurso y, sobre todo, entre la práctica política de cualquier ideología y el quehacer académico no se puede evitar. Pero sí se  puede y debe manejar constructivamente en beneficio de quien, en última instancia, provee de recursos y es la razón de ser tanto de la política como de la universidad: la sociedad en su conjunto.

Es más, universidad y poder político pueden cooperar sin que ninguno pierda su esencia, pero sólo a condición de que los académicos no se dobleguen en métodos y conclusiones a las demandas de los políticos. Los estudios académicos encomendados por las instituciones estatales son comunes, pero para ser útiles deben ceñirse a los cánones de su disciplina. Si el resultado no agrada a quien encomendó el estudio, el problema es de él, no del estudioso.

En Situaciones de Crisis. En tiempos normales, la agenda de la comunidad académica está o debe de estar regida por las exigencias de la formación de los estudiantes y de la ampliación del campo del conocimiento, sin preocuparse mucho por la relevancia práctica e inmediata de ese esfuerzo. En el largo caminar, directa o indirectamente, el aumento del conocimiento –ya sea de las hormigas tambochas, de las partículas subatómicas o de los gobiernos locales en un sistema federal– ayuda, si está bien dirigido, a mejorar la calidad de la vida individual y colectiva.

En contraste, en tiempos trastornados, como son hoy los mexicanos, la actividad académica debe buscar explicaciones y salidas a la contingencia y analizar, ya no tanto lo científicamente importante, como lo socialmente urgente. Claro que las posibilidades dependen del carácter de las disciplinas particulares pues, por caso, la exigencia no puede ser la misma para la astronomía que para la sociología. Es necesario explicar las disfuncionalidades y proponer soluciones en los campos de la política, la estructura social, la económica, la cultural, la legal y de muchas otras áreas problemáticas. Ello contribuiría a encauzar la discusión pública desde perspectivas no partidistas sino más generales e informadas.

Si la guerra es un asunto demasiado importante como para dejarlo en manos de los generales, la solución de una crisis nacional es demasiado importante como para dejarla en manos de los políticos… especialmente de los nuestros.

Lorenzo Meyer es Doctor en Relaciones Internacionales por El Colegio de México, actualmente labora como profesor-investigador en el Centro de Estudios Internacionales (CEI) de El Colegio de México y participa en el programa Primer Plano en Once TV.

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17
Jun
10

Consejos para la solicitud a un programa doctoral en Economía

Por Raymundo Campos

Algunos estudiantes me preguntan qué consejos doy para ser admitidos a un programa doctoral. Creo que al ser verano muchos estudiantes se están preparando para empezar su solicitud y otros más están pensando a largo plazo sobre cuál es la mejor estrategia para ser admitidos a un programa doctoral. Por lo tanto, es relevante que escriba mi perspectiva sobre lo que considero que es más importante para ser admitido a un programa doctoral, y sobre todo qué tipo de escuela elegir. Mis consejos se enfocan a escuelas de Estados Unidos, Canadá e Inglaterra.  Creo que si alguien desea irse a estudiar un doctorado estos son los países para estudiarlo, con excepción de algunas escuelas en Francia. En general, las mejores 50 escuelas están concentradas en esos países, por ejemplo ver aquí o acá. Espero sea de alguna utilidad mi lista siguiente.

  1. Lee los consejos que existen en la red. Infórmate lo más posible. Muchos profesores tienen blogs y generalmente tienen espacios donde escriben sus consejos para escoger una escuela o ser admitidos. Greg Mankiw aquí, Chris Blattman aquí y otros aquí o acá.
    Antes de solicitar, tienes que estar seguro de porqué quieres obtener ese grado y para qué lo quieres. Si no estás seguro mejor no solicites. Pero si estás seguro, prepárate para lo que viene.
  2. Ahorra y prepárate para gastar en admisiones. El precio de solicitar admisión por universidad es de alrededor 70USD, y el precio de los exámenes es de 100USD aproximadamente. Entonces asumiendo que solicitas a 15 universidades, y presentas tres veces los exámenes (1 el TOEFL y 2 el GRE), y además tienes que enviar por paquetería especializada tus documentos, estamos hablando de alrededor de $1,800USD.
  3. Ser admitido en una escuela top 30 es sumamente difícil. No creas que por tener buenas calificaciones serás admitido. Asume una actitud de “qué más es lo que tengo que hacer para ser admitido”. Siempre te tienes que preguntar en este proceso “en qué soy diferente a otros estudiantes”, “cuál es mi valor agregado hacia mis posibles compañeros o profesores”.
  4. Estudia con tiempo de anticipación el TOEFL y el GRE. Obtén lo máximo posible en el TOEFL. No te conformes con el mínimo, debes de demostrar que no tienes ningún problema con el inglés.
    Debes de obtener como mínimo en el GRE de matemáticas 780. La probabilidad de aceptar a alguien con menos de ese puntaje es muy baja. Por ejemplo, el promedio de GRE que tienen en las escuelas top ten en Estados Unidos es de 785, ver esta liga por ejemplo. Por lo tanto, lo ideal es obtener el 800 o en su caso el 790. La parte verbal no es muy importante, pero no la dejes atrás. Obtener una calificación muy baja también te pone en desventaja.
    Recuerda que estás compitiendo con los mejores estudiantes de economía en el mundo.
    Por lo tanto, no quieres ponerte en una situación donde te eliminen de inmediato.
    Generalmente las escuelas tienen dos cortes para la admisión. En el primer corte, son eliminados aquellos estudiantes que no cumplen con los requisitos mínimos. Por ejemplo, un mal TOEFL o un mal GRE. En estos casos, es probable que ningún profesor lea tu expediente. Por eso, debes de asegurarte de pasar ese primer corte. Debes de asegurarte que analizarán tu expediente.
    Mi consejo es que tengas listo ambos exámenes para el verano antes de solicitar. Por ejemplo, si deseas solicitar este año para empezar los estudios en el otoño de 2011 entonces idealmente deberías de tener tus resultados listos para Agosto de 2010. Tener los exámenes listos te dará tiempo para preparar otros aspectos de la admisión.
  5. Además del GRE y TOEFL, las escuelas piden un buen promedio, cartas de recomendación, y un “statement of purpose”. Tener un buen promedio sale  sobrando en esta discusión. En cartas de recomendación, trata de pedirlas a profesores o empleadores que te conozcan bien. Trata de diversificar tus cartas en el sentido que si todas dicen que eres buen estudiante pero ninguna dice que tienes aptitudes para la investigación entonces estás en desventaja.
  6. “Statement of purpose”. El Doctorado tiene como fin producir investigadores. Por lo tanto, en tu ensayo debes de dejar claro porqué quieres realizar investigación. Aunque no lo creas, el ensayo tiene mucho peso en el proceso de admisión. Muchos estudiantes obtienen el 800 en el GRE y tienen excelentes cartas de recomendación, por lo tanto el desempate lo da el ensayo. Por ejemplo, si en la escuela sólo te dedicaste a estudiar sin ninguna otra actividad estás en desventaja. La totalidad de mis compañeros en UC Berkeley por ejemplo habían tenido experiencia en investigación antes de entrar al Doctorado.
    Por ejemplo, tres compañeros habían estado en África ya sea con Organizaciones No Gubernamentales o con equipos de investigación. Otros compañeros fueron asistentes de investigación para sus profesores. Mi consejo es que trabajes con profesores como Asistente de investigación, o bien en tu propia investigación, pero que realices algo. Por ejemplo, si deseas enfocarte en el campo de Desarrollo Económico ayudaría mucho que tengas trabajo de campo como voluntario en Organización No Gubernamental o bien como asistente de investigación. Recuerda cuando escribas el ensayo el punto 2 enumerado arriba.
  7. Una pregunta difícil de contestar es qué universidad elegir. Mi consejo es que solicites al menos a 12 universidades, y lo ideal sería entre 15-18. Ya estás haciendo el gasto y el esfuerzo para ser admitido, queremos asegurarnos que al menos en una escuela serás admitido.
    En lo personal, yo sólo escogería escuelas en Estados Unidos, y a lo mejor una o dos de Canadá. Inglaterra es un país muy caro, y la beca de Conacyt será lo justo para sobrevivir. Quieres estudiar y pasártela bien, no estudiar y pasártela mal.
    Tienes que analizar si las ciudades donde están las universidades son de tu agrado. Por ejemplo, Cornell University está en una pequeña ciudad donde prácticamente no hay nada. Si no puedes vivir fuera del bullicio de una ciudad grande, entonces serás muy infeliz en una ciudad muy pequeña, y es probable que no termines el programa.
    Analiza también el enfoque de la escuela para investigación.
    La educación de Macroeconomía de Berkeley es muy diferente a la de Minnesota por ejemplo. Infórmate con tiempo de los profesores que enseñan en la universidad, analiza los programas de estudios y la investigación que producen.

Espero que mis comentarios de algo sirvan. De cualquier manera, estaré al pendiente de los comentarios en el blog para poder contestar tus dudas e inquietudes.

Raymundo Campos Vázquez es Doctor en Economía por la Universidad de California – Berkeley, actualmente labora como profesor – investigador en El Colegio de México.




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